En una gran ciudad como Madrid (no digo que sea la única, es el ejemplo que tengo más cercano y me consta que igual sucede en muchas otras del mundo), suele ser complicado encontrar un tiempo para las relaciones personales, para lo que se da en llamar "cuidar a las amistades". Salvo que forme parte de una rutina (trabajo, cursos varios, encuentros, etc...), puede darse el caso de que a determinad@s amig@s no los veamos durante meses. Incluso a l@s más querid@s.
El otro día comía con dos amigas y manteníamos esta misma conversación. Ellas, por si lo dicho anteriormente fuese poco, viven en las afueras de Madrid, en dos pueblos diferentes, uno al norte, el otro al oeste, lo que complica más si cabe las comunicaciones (ya se sabe, el horario de los transportes, el tiempo que se tarda, etc...)
A mí me dio por pensar que cada vez que ponemos excusas de ese tipo (yo también lo he hecho, que conste que tiro la primera piedra contra mí misma), estamos anteponiendo el esfuerzo a las ganas, es decir, los pasos que debemos dar a la necesidad que tenemos de ver a esa persona. Quizá habría que cuestionarse eso (insisto: me lo digo también a mí misma) cada vez que le decimos a una persona a la que queremos frases como "no puedo quedar", "tengo mucho lío", "tengo obligaciones" o "estoy muy cansad@". ¿Quién nos impide hacer realmente lo que queremos hacer? ¿O es que no queremos hacerlo realmente?
Reflexiones de viernes...
Yo, por las dudas, he pensado en una amiga a la que hacía un par de meses que no veía y he quedado esta tarde con ella. ¿Qué tal si nos tomamos cada día un pequeño gran esfuerzo como éste? Siempre andamos diciendo "si fuera el último día en el mundo, haría tal cosa". Pero ¿y cómo sabemos cuál es ese último día?
¡¡¡A querer, a quererse!!!