sábado, 7 de febrero de 2009

La belleza volvió a AUTErretratarse

"Seguro que si John Lennon estuviese vivo apoyaría el movimiento antiglobalización y su famoso lema 'otro mundo es posible' porque éste es insoportable". Frases como ésta o apelaciones al amor ("no se estila mucho decir 'te quiero' al despedirse de alguien, es más usual escuchar 'ahí te pudras'") han sonado todo el tiempo entre canción y canción durante las tres horas que ha durado el magnífico concierto de Luis Eduardo Aute en Madrid.


La excusa era la presentación (un par de meses después de su publicación) de "Memorable cuerpo", el increíble cofre-libro que contiene los tres "AUTErretratos" (los dos publicados con anterioridad y el tercero que vio la luz, por separado, el pasado martes; en total, 6 cds) y el disco ya descatalogado "Invisible" (todas las canciones interpretadas en inglés), así como un DVD con conciertos inéditos y una recopilación de fotografías y trabajos pictóricos. Si estos días atrás se me llenaba la boca hablando de la maravilla que suponía encontrarse con una radio como Clarín, hoy reivindico la figura de Luis Eduardo Aute (ya sé que no soy nada original, ya la reivindica mucha gente) como adalid de la utopía y de la belleza, como estandarte de formas de vida ya olvidadas (a sus 65 años sigue sin tener móvil y, por ejemplo, cuando hoy interpretó "Pasaba por aquí" terminó diciendo: "Se nota que esta canción la escribí hace mucho porque hoy con los móviles nadie diría eso de 'ningún teléfono cerca'") y portavoz del AMOR ("hoy ya no se hace el amor, sólo se fornica; antes la gente se amaban unos a otros y ahora se trata de joderse los unos a los otros").


Del concierto se puede hacer la ficha técnica, que pasa por la cantidad innumerable de canciones que interpretó (no sé si sería capaz de enumerarlas todas) o por los músicos excepcionales que le acompañan en sus últimos trabajos (Tony Carmona en la guitarra; Billy Villegas, bajo; Igor Toukalo, teclados; Jota Marsán, batería; y Cristina Narea, coros, guitarra y percusión) o por los mínimos fallos de coordinación en alguno de los temas (por supuesto, perdonados y aplaudidos por el público entregado que abarrotaba el Palacio de Congresos) o por la correcta iluminación del escenario o por la original apertura del recital, con Aute entre bambalinas cantando "Invisible"...


Pero ni esto es una crónica periodística ni yo puedo hablar de Aute con la cabeza. Así que os haré mi ficha emocional...


Esta noche he visto a Aute en el mismo escenario donde lo vi por primera vez hará cerca de 10 años (si no se han cumplido ya), aunque en aquella ocasión yo estaba en las gradas superiores, lejos muy lejos de la primera fila en la que estaba hoy (y yo, respetuosa, sin cámara de fotos ¡¡¡y había gente grabando en sus mismas narices!!!) A mi derecha estaba mi hermana, que tuvo la suerte de ver en su primer concierto 'autiano' este larguísimo recital; hacia la izquierda, pero no en la butaca contigua, estaban Julia, Miriam y Antonio, con quienes ya había compartido unos cuantos conciertos (y no sólo de Aute). Y justo en esa butaca contigua a mi izquierda, como en otros tantos, estaba Álex, mi gran amigo, aunque en realidad él es una de esas personas que dejan pequeño el conocido concepto de la amistad...


Tuve la suerte de cruzarme con él hace ya 17 años, en la época en que estudiábamos Periodismo y, aunque podría dedicar líneas y líneas a hablar de nuestra amistad, me centraré en su pasión por Aute y en cómo fue dándome a conocer su música (conocer en profundidad, se entiende; ya sabía quién era y qué música hacía, obvio). Ni siquiera recuerdo cuándo ni cómo ni por qué hablamos de él, sólo recuerdo aquella maravillosa cinta (claro, era la época del 'cassette') con canciones como "La Belleza" o "Hafa Café" o "Las cuatro y diez" o "Sin tu latido" o "Cada vez que me amas" (todas ellas sonaron hoy, por cierto) que me regaló un buen día.


En todos estos años, hemos compartido unos cuantos conciertos suyos en distintos lugares de Madrid, pero también una lectura de poemas (la presentación de su libro "Volver al agua") en la placita del Museo Reina Sofía. Y por supuesto la proyección en el Pequeño Cine Estudio (un lugar que, como Aute, parece fuera del mundo) de su maravillosa película de dibujos "Un perro llamado dolor", un espléndido trabajo de creación pictórica mezclado con su infinita erudición (a la que, lamentablemente, no se le dio tanta repercusión como merece, pero ya se sabe que hay categorías reñidas con el mercado: 'cantautor', 'arte', 'minimalismo'...)


Y hoy, por fin, hemos regresado al Palacio de Congresos para ver esa puesta en escena con los músicos en el escenario y el gran protagonista jugando al escondite mientras cantaba "Invisible". Los dos coincidimos en que, después de ese comienzo, nos daba igual si todo terminaba ahí...
Pero no, no terminó y, aunque siempre faltan canciones (porque es imposible cantar todos los temas de 40 años de carrera) como "Arrebato" o "Alevosía" o "Quinta del Sordo" o "Imán de mujer" o "No te desnudes todavía", entre otras, hubo momentos sublimes, como cuando interpretó "Che qué mal" (dedicada a su amigo Carlos Arjona, fallecido en 1997) y la emotividad provocada por la canción en sí y por la explicación previa que dio sobre el origen de la misma hizo que el propio Aute terminase entre lágrimas; o cuando largó un discurso maravilloso previo a "Siglo XXI" (tema homenaje a "Cambalache", de Enrique Santos Discépolo, y crítica feroz a lo que él suponía, en 1990, sería la siguiente centuria y, como hoy mismo reconoció, se quedó corto ante la aplastante realidad).


Pero, sin duda, el que me sigue maravillando es un cuento que ya hizo tras sacar su disco "Alas y balas" -y que hoy repitió- al respecto de su canción "Giraluna". En un campo lleno de girasoles imaginó un "girasol disidente, que iba por libre", que se negaba a postrarse como los demás al atardecer y que, tras insistir en su oposición y mantenerse levantado infinitas noches, una noche la luna se colocó frente a él para que la viera y, no contenta con eso, otra noche le mostró su cara oculta. Y el girasol disidente quedó más feliz que unas castañuelas... "Esto pasó por tres cosas: tuvo fe, defendió su criterio propio y nunca perdió su curiosidad" (Aute dixit). Me parece un gran resumen de lo que debe ser la actitud ante la vida...


Luis Eduardo Aute nos llamó "héroes" al comienzo del recital porque "venir hasta aquí con la que está cayendo, en todos los sentidos..." (en alusión al frío pelón que hacía esta noche en Madrid y, cómo no, a la crisis económica) para él suponía todo un mérito. Y nos anunció que sería "generoso en canciones". Así fue. Cuando parecía que todo acabaría con "A día de hoy", hubo varios bises más, aunque como ya es habitual en los últimos tiempos lo más emocionante llegó cuando se quedó solo en el escenario, con su guitarra, cantando como en los viejos tiempos (yo nunca viví eso, pero debía de ser así en los escenarios de los 70) temas como "Anda", "Las cuatro y diez" o "De alguna manera" para cerrar con una escalofriante interpretación de "Al alba", a capella, ya sin guitarra, con un respetuoso silencio en la platea que después se convirtió en atronadora ovación.


Siempre he tenido la impresión (más desde que viajé a Sudamérica por primera vez y vi cómo se adora allí a algunos artistas españoles) de que no valoramos demasiado lo que tenemos en casa cuando de cantautores hablamos. Más allá de la multitudinaria gira que Sabina y Serrat hicieron ("Dos pájaros de un tiro"), en la que llenaron todos los recintos donde tocaron, no son personas a las que escuchemos habitualmente en tal o cual radio y sus letras, aunque no se puede decir que gusten sólo a una minoría, no están en la cotidianidad y, en muchos casos, alguien que demuestra su amor por un cantautor es 'alguien raro' ("¿pero todavía canta?", "¿sigue vivo?", "pero si ya no tiene nada nuevo..." son frases que alguna vez escuché). Creo que Aute es otro de esos grandes olvidados. Más allá de su faceta musical, sobradamente conocida, la pintura (su gran pasión) le ha llevado, por ejemplo, a exponer hace poco en Quito, en la casa de Oswaldo Guayasamín, porque eran muy amigos y éste siempre tuvo el sueño (cumplido ahora después de su muerte) de que aquél presentase sus cuadros en Ecuador. Son las cinco de la madrugada en España cuando termino de escribir esto y no he visto una sola crónica ni fotografía del concierto en ningún medio de comunicación (y eso que estamos en plena era digital).


Si habéis resistido la lectura hasta aquí, os doy las gracias porque es lo más largo que he escrito hasta ahora en el blog (creo que yo también, como Aute, quise ser generosa en palabras). Y ni siquiera sé si os habrá quedado claro lo que ocurrió esta noche en el concierto...

6 comentarios:

amelie dijo...

Lamento no poder ofreceros fotos del concierto. Están todas en mi memoria y, por ahora, no se ha inventado nada para descargarla...

El Gato dijo...

Amelie:
No te dejé comentario en el post sobre Clarín. No me dio tiempo.
Apenas terminé de leerlo me fui a escucharla...
No te imaginás... Cuántos recuerdos!
Fue como estar en Montevideo y eso... aunque sea por un ratito te lo agradezco tanto!
Sobre Aute... Lo vi por primera y única vez en el Teatro Circular de Montevideo allá por 1985. Es una sala especial... muy especial, donde el escenario queda rodeado por los espectadores y se logra una comunión superlativa entre el artista y el público. En el caso de Aute además de su música, se aúnan todas las facetas que un artista puede ofrecer. Además de coherencia... coherencia. Qué palabrita, no? Y ética? No te digo nada! Uno de los grandes. Y uno de los nuestros.
Beso grande!

Lucía.uy dijo...

.....y claro que fuiste generosa! más que en palabras en sentimientos, y eso, se agradece siempre.

Personalmente, tengo la manía de escuchar a Aute junto a Silvio Rodriguez, eso sí, no puedo oirlos muy seguido porque piro! amiga.

Que buena noche pasaron! me encantó que la compartieras con nosotros.

Me voy cantando

Estoy pasando un bache,
un revés, un agujero,
un no se que me ocurre
que ni yo mismo me entiendo...
No me apetece nada,
nada más que estar adentro,
pero no de tu vientre
sino de tus pensamientos.


un abrazo grrrrrande!

Juan Pedro dijo...

Qué bueno que gente como Aute siga siendo tan carcana, ¿verdad? Vivimos unos días tan extraños que agradecemos hasta el infinito que alguien hable de amor, sin más, que comparta sentimientos, que demuestre que, pese a tener 65, se puede sentir como con 20. Nos has dado envidia, Amelie. Seguiremos el consejo de Aute: tendremos fe, defenderemos nuestro criterio y siempre tendremos curiosidad.

Ah, mis canciones preferidas de Aute son dos lejanas en el tiempo entre sí, pero muy cercanas en esencia: "De alguna manera" y "Cada vez que me amas". También "Me va la vida en ello" (cantada por Silvio) es la canción que mi mujer y yo adoptamos como himno cuando empezamos a salir. Joder, cómo no vamos a querer a Aute.

Gracias por el post, haces que estemos en el concierto sin haberlo estado.

Un abrazote

Anónimo dijo...

Sniff, sniff, sniff!! Emocionada me haya, hermanix. Ves como sigues siendo la que mejor escribe de la familia? Me ha encantado tu relato, de todo, del concierto, de las amistades, del señor Aute, de los momentos compartidos. Menos mal que siempre estaré cerca para seguir compartiendo contigo miles de cosas y miles de cambios (como dice hoy Goffi en su flog).

Te quiero, hermanix. Gracias por llevarme contigo (y sabes que no me refiero sólo al concierto)

Anónimo dijo...

Solo alguien que viva el amor más alla del pienso, puede disfrutar, tanto, bellezas como Aute.


abrazo enOrme


anduve todo el día dando vueltas por asentamientos, me mimó mucho este relato, gracias por la belleza.


abrazote
dani