sábado, 4 de abril de 2009

Demasiada gente

No sabía qué esperar de aquel reencuentro hasta que, al bajar de la furgoneta que nos trasladaba desde el aeropuerto, te vi ahí, inmenso y sonriente, en la puerta del hotel. Tú no conocías a ninguno de mis compañeros. Me aguardabas a mí. Así que casi sin reparar en que había demasiada gente a nuestro alrededor, me lancé a ese abrazo que llevábamos (según parece) preparando tanto tiempo.

- ¿Todo bien? –preguntaste con un brillo especial en los ojos.
- Todo bien –sonreí emocionada.

Una vez completado el reparto de equipajes y habitaciones, todo el equipo regresó al vestíbulo para ir a cenar a una pizzería cercana. No paramos de hablar ni un instante. Aunque de vez en cuando prestábamos atención a alguno de nuestros compañeros, casi todas nuestras conversaciones versaban sobre nosotros. Nadie entendía cómo nos entendíamos tanto. Nadie conocía nuestro romance previo.

Y aunque me asustaba pensar en cómo cerraríamos aquella noche después de nuestra brusca separación, todo parecía indicar que los fuegos que no llegan a extinguirse, siempre vuelven a avivarse.

Al llegar al vestíbulo, el ingente grupo se repartió entre los dos ascensores para emprender el camino del descanso a sólo unas horas del arranque de nuestras jornadas de trabajo. Nosotros, naturalmente, entramos en la misma cabina. Aunque, como nos había pasado durante toda la noche, rodeados de gente.

Uno frente al otro, nos miramos con la complicidad de quien pretende escabullirse del resto de personas. Nos sonreímos, como aquella primera vez en otro ascensor. En otro hotel de otra ciudad.

- ¿Te apetece que bajemos a la playa a tomar unos mates por la mañana? –sugeriste.
- Sí, me encantaría –te respondí con el ligero fastidio que suponía no poder decirte allí mismo que en realidad prefería pasar toda la noche contigo.
- Bueno, genial, ¿dónde estabas?
- En la 907.
- Bien, te llamo entonces por la mañana.


Al llegar a la séptima planta, te arrimaste para darme un beso de buenas noches. Te miré con la esperanza de que te arrepintieras y decidieras seguir el viaje, pero entornaste los ojos señalando al resto de nuestros acompañantes.

No sabía qué esperar de aquel reencuentro y, ahora que todo había transcurrido de forma tan natural, teníamos demasiados testigos alrededor. Cerré la puerta de la habitación con cierto desánimo hasta que, de repente, sonó el teléfono y tu profunda voz al otro lado anunció: “Ahora voy. No podía subir con vos, había demasiada gente”.

(Este cuento, completado el 26 de febrero de 2009, surgió en "El Invernadero" a raíz de la propuesta de Carmen: 'una historia en ascensor')


8 comentarios:

Santiago dijo...

Siempre hay demasiada gente.
Es preciosa la historia.
Creo que esta historia sigue... y yo me voy para no molestar. Me bajo en el séptimo.

Lady dijo...

Es una historia palpable y deseable... me encanta.. me suena a otras historias... y lo del fuego q ha quedado sin extinguirse... ahhhh

Saludos por aquí también...

Juan Pedro dijo...

Es una historia preciosa. Te tengo que dar la enhorabuena dos veces. La primera, por haber escrito este texto que llega tanto al corazón. La segunda, por vivir ciertamente esta historia, intuyo, más allá de los papeles.

Un abrazo muy fuerte, amiga.

amelie dijo...

SANTI: muchas gracias por tus palabras. Creo que la vida es como un ascensor, en el que entran y salen personas, en el que a veces pasan historias de amor como ésta y otras simplemente dices 'hola' y 'adiós'... Un beso grande, compañero.

LADY: Sí, creo que la frase del fuego que no se extingue es la más lograda de todas. Muchas gracias por tus elogios. Te mando un beso enorme y gracias por tu visita a este rinconcito naranja.

JUAMPE: mi querido amigo, como escritor que eres no voy a hablarte del poder de lo autobiográfico en los relatos. En cualquier caso, sea real o no esta historia, te doy las gracias por lo que dices, sobre todo por eso de "que llega tanto al corazón". Me halaga mucho, viniendo de alguien como tú (1.persona sensible; 2.escritor; 3.amigo). Te mando un beso enorme y abrazote que te tiña de naranja

El Gato dijo...

Nuevamente nuestros comentarios se cruzan en el mismo instante, en el mismo mar, en la misma nube...
Anoche estuvimos con Santi y una preciosa barra de buena gente. Y me acorde de vos. Mientras crujian los chorizos, mientras el Santi dejaba un pedazo de asado jugoso para nosotros dos... me acorde de Adriana, de Camilo, de Tamara y tambien de muchos otros. Y entre ellos estabas vos. Para... me bajo en el quinto... dicen que en el quinto vive una viejita que cuando la miras, te llenas de energia. Asi que me bajo en el quinto. Pero antes... antes de bajarme, te imagino aquello manana tomando mate en la playa con ese ser "par"... que tema ese de los pares, no? Reconocerse en los ojos, en la mirada, en los silencios... Ahora si, me bajo en el quinto. Beso grande.

maui_29 dijo...

me encanta la manera que tenés de escribir, me hace sentir como que estuviera dentro de la historia...veo las caras, los lugares, hasta los olores...

Un abrazo fuerte!...ah! y felicidades tía :) por la nueva rochense

Bea dijo...

Si, Amiga...porque "los fuegos que no llegan a extinguirse, siempre vuelven a avivarse".
Por eso me siento muy feliz por ti.
Ah! me bajo en planta baja.
Me espera mi fuego en la puerta.
Bss

fiorella dijo...

Lo leì,ni idea de las veces....Un beso