miércoles, 13 de agosto de 2008

Hasta dentro de unos días...

Después de un mes casi sin descansar, por fin dispongo de cinco días libres y me voy a la querida Asturias, a ese norte verde y húmedo, mezcla de montaña y mar, tierra de rica comida y de esa sidriña cuya gracia está más en el proceso de escanciarla y verterla que en su sabor. Cuánta risa compartida en esos momentos...
Volveré el próximo domingo a Madrid (por aquí casi seguro el lunes) y desde ya quiero agradeceros a quienes visitáis habitualmente este espacio, a quienes os asomáis sólo de vez en cuando, a quienes dejáis firmas y a quienes no. Abrí este rinconcito querido con muchas ganas de contar y ahora me siento muy feliz de haber empezado. Un abrazo que os tiña de naranja a tod@s...

martes, 12 de agosto de 2008

Las lágrimas de San Lorenzo

Hace un par de años, estaba inmersa en una bella aventura literario-periodística alrededor del club argentino de fútbol San Lorenzo de Almagro. Aquella publicación, al menos hasta donde yo sé, jamás vio la luz, pero a mí me sirvió para llevar a cabo una preciosa tarea de investigación, de recopilación de datos, de consecución de documentos históricos, de carga importante de pilas (a veces algo tan necesario cuando estamos inmers@s en la rutina del día a día).

Anoche, en Madrid, pude asistir a esa lluvia de estrellas que todos los veranos (en esta parte del mundo) nos inunda y que suele conocerse por "las lágrimas de San Lorenzo" por coincidir, día más día menos, con la festividad de ese santo al que quemaron en una parrilla. En medio de la cotidianidad, otra compañera y yo nos escapamos y pudimos ver, con la complicidad de otro compañero en un lugar que no puedo mencionar (para que, especialmente, él no se meta en líos), unas cuantas estrellas fugaces. Yo sólo vi tres, y digo sólo, porque ell@s consiguieron ver alguna más. No pedí ningún deseo (más allá de los habituales), pero les conté que en Valizas (Uruguay) es habitual verlas cada noche, ya que no hay luz eléctrica alrededor que perturbe ese espectáculo de la bóveda celeste y basta con asomarse al exterior del rancho para dejarse envolver por la oscuridad y la permanente lluvia estelar.

Ya no lloro más por aquel San Lorenzo perdido. En cambio soy capaz de emocionarme ante la belleza más pura...

lunes, 11 de agosto de 2008

Tirando muros...

Hace unos días, un compañero de trabajo hizo un chiste. No sé por qué, estaba metiéndose conmigo por alguna cosa que había hecho o dicho y me dijo "oye, suma pontífice". Sin que me diera tiempo a reaccionar, mi jefe, que había oído todo aquello, respondió -al tiempo que me miraba con toda la picaresca del mundo-: "pues mucha pinta de pontífice no tienes, la verdad". Aunque inmediatamente reaccionó y exclamó: "bueno, sí, si consideramos pontificar como tender puentes, ahí eres la primera".

En el Diccionario de la Real Academia Española, ninguna de las acepciones de pontificar tiene que ver con eso de tender puentes, pero me gusta eso de que la primera idea que yo puedo despertar sea la de constructora de puentes. A veces estamos tan encerrad@s en nuestra burbuja que no somos capaces de salir de ella ni siquiera de gritar pidiendo ayuda; en otras ocasiones nos contruimos unas altas murallas defensivas para que nadie se atreva a saltarlas, aunque nos pudramos de soledad dentro de ellas. Por eso es interesante esa idea de tender una pasarela hacia l@s demás, pero no una que actúe de puente levadizo, que en cualquier momento subamos y bajemos a nuestro antojo; si de verdad queremos establecer vínculos con l@s otr@s tiene que ser a través de los sólidos cimientos de esos puentes romanos o medievales de piedra que tenemos en la Vieja Europa.

Hace poco tiempo fui consciente (creo que ya lo era, pero una situación concreta en el aeropuerto de La Habana me dio para reflexionar sobre el asunto) de que una sonrisa puede ser el mejor pasaporte hacia las personas que tenemos alrededor. Y no sólo como carta de presentación, sino justamente como argamasa para unir las piedras de ese puente hacia el/la otr@. En otras ocasiones, no he tenido que hacer nada especial para que sean otras personas quienes tienden sus puentes hacia mí. Quizá sea cierto eso de que el cuerpo habla por nosotros y un simple gesto (como una sonrisa o una mirada) o la ausencia de él (como no tener los brazos cruzados) ayuden a que el resto de la gente se acerque a nosotr@s. Guardo espléndidas anécdotas de viajes (y cuentos) gracias a esa actitud. Algún día irán apareciendo por aquí...

Ya se acabó con aquella vergüenza de la Humanidad que era el Muro de Berlín. Tratemos de derribar otros que no son tan visibles, pero que son igualmente ignominiosos...

domingo, 10 de agosto de 2008

Después de varias Quilmes...

Hoy vino a casa mi amigo Carlos, quien por cuestiones de trabajo conoció Buenos Aires hace unos meses. Aprovechando su viaje, le encargué la única cosa que siempre pido a la gente que va para allá (o viene a visitarme desde allá): Quilmes Bock (o Stout, me vale cualquiera de las dos). En España se comercializa la rubia, pero justo es la que menos me gusta de las tres (debo reconocer que si estoy en Buenos Aires me sabe a gloria, pero mientras aquí tengamos Mahou no hay nada que hacer...)


En realidad debo confesar que he tomado Quilmes (rubia) en dos bares de Madrid por pura nostalgia, el Xaradonga -donde pasaban todos los partidos de Argentina durante el Mundial de fútbol de 2006- y el Pampa -un lugar muy cutre (palabra intraducible) donde se puede comer choripán con chimichurri y que está decorado con banderas y fotos de Boca Juniors-.



Hace mucho tiempo conocí a una mujer que llevaba el marketing de una empresa que se dedica a la importación de productos de países latinos, pensando en toda la inmigración que hay en España. Me decía que sus precios no eran ni mucho menos baratos pero que su negocio estaba en la nostalgia. En realidad, esa definición me pareció horrible, es decir, comerciar con los sentimientos de las personas, pero tenía toda la razón. A la gente no le importa cuánto tenga que pagar si puede sentir en su nueva residencia los mismos sabores que en su tierra. Recuerdo que el año pasado en Río de Janeiro nuestro técnico, Paco, y yo tuvimos un repentino antojo de un 'bocata' de calamares (uno de los mayores placeres en las tascas madrileñas). De la misma forma, comer aquí un choripán (aunque cueste 3 euros y sea en baguette) o compartir una Quilmes en la terraza de casa (aunque haya tortilla y no pizza para cenar) me lleva a lugares lejanos...



Como homenaje a esos viajes del alma, ahí va una foto de uno de mis rincones favoritos de la capital argentina, uno de los vagones del subte A, al paso por la estación Sáenz Peña...

viernes, 8 de agosto de 2008

Quizá, después de todo, la luna no esté en Pekín...

"Sola arriba, sola.
Tan perfecta y blanca.
Tan alta!
Tan lejos de todo!
Nada arriba, nada.
Ella sola y nada"
(Líber Falco, "Luna")


Reconozco que uno de los grandes sueños de mi vida es ir a unos Juegos Olímpicos. No lo hice como aficionada en Barcelona'92 (cuando más cerca estaban de mí) ni lo he hecho como periodista en Atlanta'96, Sydney'00 o Atenas'04. Por supuesto tampoco estaré en los de Pekín que arrancan hoy...


Confieso que, aunque hace un año yo afirmaba tras los Juegos Panamericanos de Río que sabía que no iría a Pekín, en mi interior siempre albergué ese sueño. A medida que fueron pasando los meses, la ausencia de noticias al respecto me confirmó lo que sospechaba, que en agosto de 2008 estaría viendo los Juegos por la tele ¡¡¡otra vez!!!

Manifiesto que, en esta ocasión (no sé si fue peor en 2004, cuando los Juegos volvían a su cuna, Grecia), me sentí muy dolida, que me sentí muy capacitada, que pensé que yo debía estar ahí en lugar de otras personas que maquillan bien su ineptitud, que creí que era una gran injusticia no estar en esa cumbre del deporte universal.

Ratifico, a día de hoy, que veré cuantas pruebas pueda y que, una vez calmada y siendo consciente de las vueltas que da la vida, quizá la luna que yo andaba buscando no esté en Pekín...

.......
La imagen corresponde a un bar de Begur (Girona)
llamado justamente "La luna"

jueves, 7 de agosto de 2008

Me voy por los tejados...

Como el gato de Joaquín Sabina, me voy por los tejados (en este caso, de Madrid, como los de la imagen) para no ver algunas cosas que suceden y que no me gustan. Esta noche venía a trabajar y, al entrar en el metro, he visto una escena que ya viene repitiéndose hace muuuuuuuuuchos meses: los policías paran a personas extranjeras para reclamarles sus papeles. Viene espeluznándome desde la primera vez que lo vi, pero esta noche todo era dentro de la estación de metro (subte), es decir, sin dejar que salieran a la calle y todas esas personas contra la pared.
El otro día me decía mi amiga Carol, que vive en Lavapiés, quizá el barrio más multicultural de toda la capital, donde se concentran desde la gente veterana de siempre a nacionalidades como India, Pakistán, Bangladesh, Nigeria, Marruecos, etc... y decía que era habitual ver situaciones así por las calles, un montón de negros arrinconados contra la pared por la autoridad.
Ver eso mismo esta noche en el metro al lado de mi casa me ha hecho temblar y recordarme (una vez más) que no me gusta esto que llamamos 'primer mundo'. No me seduce nada este engendro que hemos creado. No recordamos de dónde venimos, pero parece claro que no sabemos dónde vamos. Ahora todo el mundo levanta la voz contra Italia y Berlusconi y sus militares en la calle y su ultraderecha y qué sé yo cuántas cosas más, pero ¿no es mucho peor vivir en un país teóricamente de izquierdas, que defiende no sé cuántas más cosas sociales y después vivir situaciones como ésta?
Lo dicho, perdonadme, pero hoy me voy por los tejados...

martes, 5 de agosto de 2008

"No sos aquella aficionada"


Una vez me dijiste, cuando yo protestaba por las oportunidades que las nuevas generaciones de becarios tienen para viajar por el mundo dentro de la misma empresa (cosa que yo no), que yo ya no era una becaria y que no debía aspirar a esos mismos logros aprendices sino a otros más profesionales. Anoche alabaste una de mis fotografías y dijiste "no sos aquella aficionada", refiriéndote a la mejora en mis imágenes, lo cual viniendo de un profesional me llenó de orgullo.

Pero en realidad voy más allá en el análisis y puedo decir orgullosa que ya no soy una becaria de la vida, quizá algo aficionada si acaso, pero siento que, día a día, me gradúo en algo nuevo, que cada día mejoro en algo o crezco en algo. Y lo que es mejor: todos esos estirones ya no conllevan dolor, como cuando era adolescente y sentía cómo los huesos daban de sí. A veces, hasta siento realmente que vuelo...

(La foto corresponde a la Plaza Mayor de Almagro, un pueblo de la provincia de Ciudad Real, conocido mundialmente por su Corral de Comedias del siglo XVII)