martes, 30 de junio de 2009
En el limbo
sábado, 27 de junio de 2009
Basta con haber estado allí un día...

No puedo entrar a opinar sobre esa recreación fabulada que es Santa María, puesto que no he leído ninguna de esas novelas que se desarrollan en ella y eso sería una absoluta osadía por mi parte. Simplemente quiero decir que encontré esa frase y se me apareció Montevideo...
domingo, 21 de junio de 2009
Viva la vida
lunes, 15 de junio de 2009
"Un brindis por mis amigos, los gigantes de la vida..."
Río de Janeiro, 26 jul (EFE).- Seguro que este estribillo de la canción "Altos", de Jaime Roos, resonó anoche con más fuerza que nunca en Uruguay, después de la victoria de su selección de baloncesto sobre Estados Unidos, la primera en la historia de los Juegos Panamericanos.
Y no por un punto, sino por nueve, triunfaron anoche los hombres de Alberto Espasandín sobre los estadounidenses (72-81), en un partido memorable.
Los norteamericanos, a pesar de no acudir con grandes estrellas de su liga profesional, la NBA, siempre son favoritos para los torneos de baloncesto, pero en este caso se encontraron con esa máxima de 'cría cuervos y te sacarán los ojos', ya que el mejor de los uruguayos fue Esteban Batista, un ala-pívot criado deportivamente en los Atlanta Hawks.
"Los llevan a practicar en el cuadrito del barrio / 'tenés que jugar al basquetbol', les insisten sin cesar / cuando empiezan a embocar sueñan con ser goleadores (anotadores) / y el dia que hacen 20 goles (puntos) nadie los quiere bancar (aguantar)", sigue cantando Roos.
Y, efectivamente, más de 20 goles (tantos) son los que anoche hizo la estrella del combinado 'celeste'. Veinticinco puntos (ocho de 13 en tiros de dos y 9 de 11 en libres), siete rebotes y una asistencia fueron los números del ala-pívot uruguayo para convertirse en el mejor de esa noche memorable.
Animados por los graderíos de un 'pabellón amigo' (desde el arranque de los XV Juegos Panamericanos, cualquier competidor -ya sea individual o por equipos- de Estados Unidos recibe constantes abucheos), que coreaba, a pesar de su acento brasileño, "Uruguay, Uruguay", los jugadores de la 'celeste' fueron creciéndose más ante el gigante del norte, que hoy pareció más chiquito que nunca.
"Casi siempre son los últimos en la fila de la escuela / esos flacos desgarbados qe no paran de crecer / si después de cada gripe se levantan más arriba / y muy rara vez encuentran ropa que les quede bien", recuerda la canción de Roos.
A buen seguro que los jugadores de Espasandín no quieren quedar como los últimos de la fila en estos Panamericanos Río 2007. Y nada mejor, por el momento, que comenzar con una victoria inesperada sobre Estados Unidos.
Roos es un reconocido aficionado al fútbol, seguidor del Defensor de Montevideo y recordado autor de temas como "Cuando juega Uruguay" (sobre la selección 'celeste' de balompié) y "Los olímpicos" (sobre la emigración uruguaya con evocación incluida a los oros en los Juegos de París'24 y Amsterdam'28), pero seguro que anoche muchos habitantes del 'paisito' (como cariñosamente se denomina a Uruguay) eligieron escuchar el tema "Altos" antes de irse a dormir. EFE
cmm/jmg
sábado, 13 de junio de 2009
Lágrimas por un euro (o ponerse nostalgiosa un sábado por la tarde)
lunes, 8 de junio de 2009
Letargo desértico (cuento)

En ese mismo libro había leído que la gente que visita San Pedro de Atacama sufre una especie de efecto adormecedor, una suerte de letargo que invita a quedarse ahí más días de los previstos inicialmente. Cuando llegué, me di cuenta de que no era así del todo, sino que todo está hecho para que la gente se quede por obligación. Encontré la oficina de buses cerrada, con un aviso de que éstos salían por la mañana y no por la noche –es decir, ya había perdido el de hoy y no salía otro hasta dentro de unos días- y un teléfono de reservas, como avisando de que si no tenías billete con antelación resultaría imposible viajar. Además, el local de información turística también tenía el portón echado y, por tanto, no había nadie a quien acudir. Estaba en el centro de un pueblo, con mi mochila a cuestas, muerta de calor y con una indescriptible sensación de angustia ante la posibilidad de quedar retenida contra mi voluntad en ese lugar que parecía de otro mundo.

Antes de dejarme abatir por la situación, opté por buscar un alojamiento para, al menos, pasar esta noche. Tengo un pasaje comprado para volar entre Salta y Montevideo para el próximo sábado, así que no podía contemplar la opción de quedarme aquí una semana, pero sí debía mirar las cosas con cierta perspectiva y asumir que quizá este pueblo merecía detenerse un poco más. Encontré una cama en el hostal Puritama por sólo 4.000 pesos (superbarato para ser una zona turística) y, una vez liberada del peso de mi equipaje, me aventuré a buscar una agencia para contratar la excursión al Valle de
Creo que ése fue el punto del día en que empezó a cambiar mi suerte. O al menos mi visión, hasta entonces tan negra. En la oficina tropecé con un ángel salvador llamado William que, ante mi cara de preocupación y mi agobio por aquello de tener que quedarme más días de los previstos en San Pedro, se ofreció a ayudarme en la búsqueda de un billete de autobús que su asistente compraría para mí en la ciudad. Lamentablemente, después de un par de llamadas, me confirmó que esta opción también se había torcido.
En ese punto del día, el recuento era el siguiente: tenía una cama para pasar la noche, una plaza para la excursión al Valle de
Ahora, en este nuevo patio con chimenea a leña que permite contemplar a buena temperatura el cielo de Atacama, advierto que parece una nota común en todos los restaurantes de aquí esto de tener una terraza interior a pesar del frío desértico. Me encanta esto. Supongo que, en pleno disfrute, me da igual todo lo vivido hoy. O quizá lo doy por bueno.
El grupo que me tocó para viajar al Valle de
(Mmmm, tengo que averiguar la receta del pebre porque está delicioso. Y siempre lo ponen como aperitivo para untar con el pan. Es como salmorejo pero un poco más picante. Me encanta).
Escucho “Lady in red” mientras espero que me traigan la cena y me acuerdo de los interminables matices de colores que he podido ver sobre la arena esta tarde, según diese la luz del sol y, sobre todo, una cosa que me ha impactado y con lo que, por supuesto, no contaba. El desierto de Atacama tiene muchas áreas de formación salina, es decir, creadas a partir de la desecación de las aguas. Y cuando cambia la temperatura, la sal empieza a crujir. Me recordó mucho el glaciar Perito Moreno, en

Debería escribir más sobre mí, sobre cómo estoy y cómo me está pegando el látigo de la soledad. Es decir, extraño alguien especial con quien compartir cosas como, por ejemplo, el atardecer de hoy sobre esa inmensa duna, más alta que algunos edificios que conozco. Aquí todo el mundo viene en grupo o en pareja, al menos a los restaurantes; sé que en los hostales no es así, pero me está dando un poco fuerte en eso de compartir. Menos mal que siempre me queda el cuaderno…

Durante ese atardecer maravilloso, que es el momento en que mejor se advierte que ese valle es como pisar la superficie de
Sabía que una manera de salir del pueblo era ir hasta el cercano Paso de Jama, la frontera entre Chile y Argentina, lugar de tránsito para muchos transportistas, así que quizá podía convencer a alguno para que me acercase a alguno de los pueblos de Salta o Jujuy. Así que, con ese convencimiento, regresé a San Pedro en la furgoneta y le expresé a William mi ánimo de dejar aquel lugar, tras lo cual me devolvió el dinero de los géiseres.
En mi ausencia, se había preocupado por buscarme otras agencias que alquilasen coches o, al menos, auto con chófer. Pero, claro, yo no estaba dispuesta a pagar 450 dólares por esta solución. Ya ocurriría algo…
Y cuando más convencida estaba de que ese viaje no podía salir mal, caminé en dirección a un locutorio –pues quería consultar el correo electrónico- y de repente vi aquel cartel: ¡¡¡TRANSFER A SALTA!!!
Era domingo noche en aquel pueblo construido con casas de adobe, con sus tenues farolas alumbrando las calles de tierra, con su cielo limpio y colmado de estrellas, y Atacama Connection anunciaba la salida de un minibús a Salta para el martes por la mañana. No podía creer mi suerte, a pesar de los 80 dólares que había que pagar –el doble de lo que hubiera salido el autobús de línea-. Ese salvavidas me permitía comenzar mi periplo por
¡¡¡Como para no homenajearse con una buena cena y un rico tinto!!!
- ¿De dónde es, señorita? Si me permite la pregunta…
- De España.
- ¡Aaah, qué rico! De vacaciones, supongo…
- Sí, claro, hoy fui al Valle de
- Sí, de Medellín, aunque vivo acá hace ya unos cuantos años. ¿Cómo supo?
- Tengo amigos de Bogotá y Pereira, así que reconocí el acento.
- Aaaah, ya. ¿Y puedo preguntarle a qué se dedica?
- Soy periodista.
- Imaginé que era escritora. Como la vi tanto rato anotando ahí en su cuaderno.
- Sí, lo que ocurre es que como viajo sola la libreta me acompaña a todas partes y puedo escribir sobre cómo fue el día.
- ¿Le gustó la cena?
- Sí, sí, la verdad es que tanto la crepe de verduras como el pollo estaban deliciosos.
- Disculpe el atrevimiento, pero ¿le importa si la acompaño mientras usted termina el vino? Yo estoy acabando mi turno, así que voy a cenar ahora. Y como no queda nadie más, a mi jefe no le importará si me siento aquí.
- No, no, claro, siéntate. A mí me queda un poco de la jarra y no tengo ninguna prisa…
El camarero del sombrero va a buscar su plato mientras el vino empieza a hacer estragos, tengo sueño y ya escribo de cualquier cosa, pero por encima de los tejados veo las estrellas. En los altavoces suena un recopilatorio de los 80 y 90 y, mientras oigo “Enjoy the silence”, me doy cuenta de que a veces tanto silencio no es bueno y de que si hay algo hermoso en los viajes es conocer a gente local que comparta cosas de su vida contigo. Ahí viene…
Aldebarán, 4 de junio de 2009
(basado en un diario de viaje de 2006)
(Este cuento nació en "El Invernadero", a partir de la consigna:
"un alienígena que invade la burbuja en la que estás")
miércoles, 3 de junio de 2009
Un azulejo blanco, por favor





lunes, 1 de junio de 2009
"La ropa de la vecina cuelga y mira para acá..."






