lunes, 8 de junio de 2009

Letargo desértico (cuento)

Me parece increíble reposar en calma, tomando un vino y aspirando este aroma nocturno, teniendo en cuenta que hace unas horas estaba absolutamente desesperada por salir de aquí. Sentada en este restaurante, llamado “Casa Piedra”, evoco mi llegada a San Pedro como algo lejanísimo y sólo ocurrió esta mañana. Eran las cinco de la madrugada cuando el taxi me recogió en mi refugio santiaguino para llevarme al aeropuerto donde tomaría el vuelo a Calama.

Había marcado hace años en la ruta de mi vida el Valle de la Luna como un lugar que debía visitar, así que bastó esa única justificación para dedicar tantas horas de viaje y no parar en San Pedro de Atacama más que para hacer los trámites de la excursión a semejante paraje y del viaje hacia la Quebrada de Humahuaca. Ni siquiera había reservado previamente alojamiento, pensando que quizá hoy mismo pudiese salir hacia el norte argentino. Según la guía consultada, sólo había autobuses dos veces por semana, pero siempre en horario nocturno, así que me movía la esperanza de que quizá una de esas plazas fuese para mí.

En ese mismo libro había leído que la gente que visita San Pedro de Atacama sufre una especie de efecto adormecedor, una suerte de letargo que invita a quedarse ahí más días de los previstos inicialmente. Cuando llegué, me di cuenta de que no era así del todo, sino que todo está hecho para que la gente se quede por obligación. Encontré la oficina de buses cerrada, con un aviso de que éstos salían por la mañana y no por la noche –es decir, ya había perdido el de hoy y no salía otro hasta dentro de unos días- y un teléfono de reservas, como avisando de que si no tenías billete con antelación resultaría imposible viajar. Además, el local de información turística también tenía el portón echado y, por tanto, no había nadie a quien acudir. Estaba en el centro de un pueblo, con mi mochila a cuestas, muerta de calor y con una indescriptible sensación de angustia ante la posibilidad de quedar retenida contra mi voluntad en ese lugar que parecía de otro mundo.

Antes de dejarme abatir por la situación, opté por buscar un alojamiento para, al menos, pasar esta noche. Tengo un pasaje comprado para volar entre Salta y Montevideo para el próximo sábado, así que no podía contemplar la opción de quedarme aquí una semana, pero sí debía mirar las cosas con cierta perspectiva y asumir que quizá este pueblo merecía detenerse un poco más. Encontré una cama en el hostal Puritama por sólo 4.000 pesos (superbarato para ser una zona turística) y, una vez liberada del peso de mi equipaje, me aventuré a buscar una agencia para contratar la excursión al Valle de la Luna, mi auténtico objetivo.

Creo que ése fue el punto del día en que empezó a cambiar mi suerte. O al menos mi visión, hasta entonces tan negra. En la oficina tropecé con un ángel salvador llamado William que, ante mi cara de preocupación y mi agobio por aquello de tener que quedarme más días de los previstos en San Pedro, se ofreció a ayudarme en la búsqueda de un billete de autobús que su asistente compraría para mí en la ciudad. Lamentablemente, después de un par de llamadas, me confirmó que esta opción también se había torcido.

En ese punto del día, el recuento era el siguiente: tenía una cama para pasar la noche, una plaza para la excursión al Valle de la Luna y otra para los géiseres –pues, en vista de que tenía que quedarme un día más, opté por visitar otro lugar- y no me había ocurrido nada malo. Me pareció que la situación era bastante favorable y opté por relajarme, almorzar algo en un lugar precioso llamado “La Casona” y disfrutar de lo que viniese a continuación.

Ahora, en este nuevo patio con chimenea a leña que permite contemplar a buena temperatura el cielo de Atacama, advierto que parece una nota común en todos los restaurantes de aquí esto de tener una terraza interior a pesar del frío desértico. Me encanta esto. Supongo que, en pleno disfrute, me da igual todo lo vivido hoy. O quizá lo doy por bueno.

El grupo que me tocó para viajar al Valle de la Luna fue muy divertido, empezando por Philippe, el guía francés que lleva viviendo un año en Chile y con quien compartí mi ilusión por vivir alguna vez en Sudamérica; el matrimonio italiano (de Génova, para ser exacta) al que pasé la dirección de las cabañas de Isabel en Rapa Nui; la pareja alemana superestilosa, superguapa y supersimpática –que ya había visto esta mañana en el aeropuerto de Santiago- y el matrimonio escocés tan mayor que se ha perdido algunas partes del paseo por el cansancio extremo motivado por el calor del desierto.

(Mmmm, tengo que averiguar la receta del pebre porque está delicioso. Y siempre lo ponen como aperitivo para untar con el pan. Es como salmorejo pero un poco más picante. Me encanta).

Escucho “Lady in red” mientras espero que me traigan la cena y me acuerdo de los interminables matices de colores que he podido ver sobre la arena esta tarde, según diese la luz del sol y, sobre todo, una cosa que me ha impactado y con lo que, por supuesto, no contaba. El desierto de Atacama tiene muchas áreas de formación salina, es decir, creadas a partir de la desecación de las aguas. Y cuando cambia la temperatura, la sal empieza a crujir. Me recordó mucho el glaciar Perito Moreno, en la Patagonia argentina. Los italianos, que también lo conocían, coincidieron en esa impresión. Es maravilloso sentir el sonido eterno del eterno movimiento, algo que jamás hubiese esperado en un lugar como el Valle de la Luna, que parece muerto y, en cambio, no lo está.

Debería escribir más sobre mí, sobre cómo estoy y cómo me está pegando el látigo de la soledad. Es decir, extraño alguien especial con quien compartir cosas como, por ejemplo, el atardecer de hoy sobre esa inmensa duna, más alta que algunos edificios que conozco. Aquí todo el mundo viene en grupo o en pareja, al menos a los restaurantes; sé que en los hostales no es así, pero me está dando un poco fuerte en eso de compartir. Menos mal que siempre me queda el cuaderno…

Durante ese atardecer maravilloso, que es el momento en que mejor se advierte que ese valle es como pisar la superficie de la Luna, con sus increíbles formaciones rocosas, las ondas dibujadas en la arena por culpa del viento, la neblina que emerge del suelo cuando casi anochece, he decidido anular la excursión de mañana e intentar salir de San Pedro.

Sabía que una manera de salir del pueblo era ir hasta el cercano Paso de Jama, la frontera entre Chile y Argentina, lugar de tránsito para muchos transportistas, así que quizá podía convencer a alguno para que me acercase a alguno de los pueblos de Salta o Jujuy. Así que, con ese convencimiento, regresé a San Pedro en la furgoneta y le expresé a William mi ánimo de dejar aquel lugar, tras lo cual me devolvió el dinero de los géiseres.

En mi ausencia, se había preocupado por buscarme otras agencias que alquilasen coches o, al menos, auto con chófer. Pero, claro, yo no estaba dispuesta a pagar 450 dólares por esta solución. Ya ocurriría algo…

Y cuando más convencida estaba de que ese viaje no podía salir mal, caminé en dirección a un locutorio –pues quería consultar el correo electrónico- y de repente vi aquel cartel: ¡¡¡TRANSFER A SALTA!!!

Era domingo noche en aquel pueblo construido con casas de adobe, con sus tenues farolas alumbrando las calles de tierra, con su cielo limpio y colmado de estrellas, y Atacama Connection anunciaba la salida de un minibús a Salta para el martes por la mañana. No podía creer mi suerte, a pesar de los 80 dólares que había que pagar –el doble de lo que hubiera salido el autobús de línea-. Ese salvavidas me permitía comenzar mi periplo por la Quebrada de Humahuaca a una hora razonable y seguir con mis planes de volar a Uruguay el sábado siguiente.

¡¡¡Como para no homenajearse con una buena cena y un rico tinto!!!

- ¿De dónde es, señorita? Si me permite la pregunta…

- De España.

- ¡Aaah, qué rico! De vacaciones, supongo…

- Sí, claro, hoy fui al Valle de la Luna y el martes viajo hacia Argentina. Tú eres… ¿colombiano?

- Sí, de Medellín, aunque vivo acá hace ya unos cuantos años. ¿Cómo supo?

- Tengo amigos de Bogotá y Pereira, así que reconocí el acento.

- Aaaah, ya. ¿Y puedo preguntarle a qué se dedica?

- Soy periodista.

- Imaginé que era escritora. Como la vi tanto rato anotando ahí en su cuaderno.

- Sí, lo que ocurre es que como viajo sola la libreta me acompaña a todas partes y puedo escribir sobre cómo fue el día.

- ¿Le gustó la cena?

- Sí, sí, la verdad es que tanto la crepe de verduras como el pollo estaban deliciosos.

- Disculpe el atrevimiento, pero ¿le importa si la acompaño mientras usted termina el vino? Yo estoy acabando mi turno, así que voy a cenar ahora. Y como no queda nadie más, a mi jefe no le importará si me siento aquí.

- No, no, claro, siéntate. A mí me queda un poco de la jarra y no tengo ninguna prisa…

El camarero del sombrero va a buscar su plato mientras el vino empieza a hacer estragos, tengo sueño y ya escribo de cualquier cosa, pero por encima de los tejados veo las estrellas. En los altavoces suena un recopilatorio de los 80 y 90 y, mientras oigo “Enjoy the silence”, me doy cuenta de que a veces tanto silencio no es bueno y de que si hay algo hermoso en los viajes es conocer a gente local que comparta cosas de su vida contigo. Ahí viene…

Aldebarán, 4 de junio de 2009

(basado en un diario de viaje de 2006)

(Este cuento nació en "El Invernadero", a partir de la consigna:

"un alienígena que invade la burbuja en la que estás")

14 comentarios:

la-nata-contra-el-vidrio dijo...

Eres una Amelie andariega, sí que vale el título del blog. Relato bien contado,muy bueno al dejar cosas en suspenso: se detuvo la escritura, pero la vida chisporrotea. Lástima que en esta vez no has puesto lo del valle de Humauaca y tu llegada al uruguay, si es que no hubo cambios y el itinerario fue otro. Qué hermoso debe ser un viaje hacia el desierto en tu compañía Amelie.
Un beso de xavier.

amelie dijo...

XAVIER: gracias por tus comentarios hacia el cuento y hacia mí. Sí, me gusta mucho eso de Amelie andariega jajaja... En realidad, aquel viaje que cuento (2006) había empezado en Buenos Aires y había pasado por Rapa Nui (o sea, Isla de Pascua) antes del desierto... Aunque quizá haya más cuentos, ya te adelanto que sí, hubo Quebrada de Humahuaca y hubo Uruguay (Montevideo y Rocha), como también hubo después otra vez Buenos Aires y costa cercana a Mar del Plata. Te mando un beso grande y ya sabes que eres bienvenido por este rinconcito naranja.

Tomás en Europa dijo...

Me encantó el cuento, me gustó el olor a Chile que desprendía en muchas de sus frases (especialmente en la del pebre) y, lo mejor, haberlo compartido contigo en el taller.
Ya tendremos oportunidad de viajar hacia los lagos... de momento te dejo besos y achuchones.

amelie dijo...

CHIQUITÍN: graaaaaaaaaacias. Es un gran halago, viniendo de ti, que digas eso del olor a Chile. No descarto trabajarlo un poquito más, de todas formas. Me puede el inconformismo o el perfeccionismo (¿te suena de algo? jejeje) En cualquier caso, sí, un placer compartirlo con personas sensibles como tú en espacios como nuestro 'invernadero'. Besos naranjas

Santiago dijo...

Yo sé que esto, para tí fue, en 2006, pero a nosotros nos llevás de la solapa desde Venecia a San Pedro de Atacama en un instante, sin ningún pudor. Y uno se vuelve loco sintiéndose navegar en góndola por un desierto de sal.
¿No se te mezclan los recuerdos, los mares, los acentos, las catedrales, los rascacielos y las chozas? Qué cóctel maravilloso!
Y viajar contigo nos cuesta uno o dos clics.Sos la agencia de viajes más barata que conozco.
Un abrazo agradecido.

amelie dijo...

SANTI: me haces reír muchísimo con tu comentario, aunque en el fondo no sé si te guía la admiración, la envidia o el mal humor que te pone leer de mis viajes (jeje). Me alegra saber que presto un servicio tan útil y barato a la sociedad. Ojalá sea tan real esa sensación de viajar a través de mis escritos (o de mis fotos). Quizá Montevideo me lo ahorro porque no lo considero un viaje sino volver a casa... Te mando un beso grande desde Madrid (mi otra casa)

Anónimo dijo...

Ya casi escucho los comentarios sobre un libro sobre relatos de viajes; ya casi veo a varias caras de gente que te adora escuchando mientras tu lo presentas.

Te quiero amiga escritora

dani

amelie dijo...

DANI: eso es amor y lo demás son tonterías. Mire que usté no es nadie para llamarme a mí escritora, teniendo en cuenta lo que usté hace con las servilletas en un café del Trastevere... Millones de besos. Quiérote, amiga.

yonky dijo...

Querida bloggera,hace rato la vengo siguiendo en su intinerario y me ha parecido muy interesante lo que cuenta,queda una invitacion hecha para cuando pase por Montevideo,si aun no ha pensado en alojamieno tengo a disposicion el apartamento de mi suegro,que por un tiempo se encuentra de viaje,seria muy grato recibirla a mi familia y a mi por estos lares,mas aun sabiendo los vistantes en su blog como,Santiago,Casandra y el gato utopico,a los cuales les tengo mucho aprecio,desde ya un abrazo cordial desde esta orilla

nos mantenemos en contacto

Juan Pedro dijo...

Qué bueno es cuando dos viajeros rompen las barreras del espacio y del tiempo y comparten un rato juntos. Tienes ese don compañera y no debes desaprovecharlo. Comparto el comentario de un compañero anónimo: ya te veo presentando un libro de viajes.

amelie dijo...

YONKY: pero bueno, bueno, qué invitación. Muchas gracias por semejantes palabras, viniendo, como bien dices, de la mano de grupo tan selecto como Santi, Cass o El Gato. Veo que sigo sumando casas en 'mi' ciudad... Afortunadamente Montevideo es un lugar que siempre me recibe con puertas abiertas y estrechos abrazos, son un@s cuant@s l@s amig@s de allá, pero es bueno seguir sumando afectos. Un beso grande y hasta otro ratito que pase por la casita naranja.

JUAMPE: insisto en algo que ya te dije hace tiempo... ¡Qué honor que diga eso alguien que ya ha publicado varios libros! Muchas gracias por tus palabras. No disimulo el sueño, sólo me falta trabajarlo en serio. Pero muchas gracias por lo que dices (el comentario anónimo es de Daniela). Un beso muy grande y hasta prontito

Anónimo dijo...

Precioso relato cargado de alma. Gracias por compartirlo. Me sumo a la plataforma "¡Libro ya!"

Un beso

Alex Calabuig

amelie dijo...

ALEX: bienvenido a este rinconcito. Qué placer encontrarte por aquí y leer esas palabras tuyas que, aunque halagadoras, sé que son fruto del cariño. No obstante, me pensaré eso del club de fans jajaja... Un beso enorme

Anónimo dijo...

Anonadada.
Me encantas, te envidio, de mayor quiero ser como tú. ¿Por cierto, dónde se compran las píldoras para escribir?
Un besazo enorme.
Pd. Por fin de localicé, no quiero volver a perderte.

Praxagora21