sábado, 13 de junio de 2009

Lágrimas por un euro (o ponerse nostalgiosa un sábado por la tarde)

Salir por Madrid a veces se convierte en tarea imposible para muchos bolsillos. La subida generalizada de los precios en muchos servicios se nota especialmente en los momentos de ocio, cuando alguien quiere ir al cine, al teatro o a algún concierto, o a tomar una cerveza o un café. Pero de vez en cuando ocurren milagros...

Hace unos cuantos días me llegó al correo la información sobre un ciclo de cine argentino que hay todos los años en el Palafox, en pleno centro de Madrid. Ninguno de los títulos ha sido previamente estrenado (en salas comerciales) en la capital española, así que al aliciente de venir de allende los mares se le suma el de la novedad. Pero de todo el programa me llamó la atención algo que estaba esperando desde hace muchísimo tiempo (desde que conocí su existencia): el documental "El Café de los Maestros", del director Miguel Kohan y producido por Gustavo Santaolalla, Lita Stantic y Walter Salles. Así que hoy, sábado, fui a la sala para ver ese espectáculo estético-musical en pantalla grande. Y, al llegar a la ventanilla, me encontré con la grata sorpresa de que costaba ¡¡¡un euro!!! (aclaro aquí que el precio habitual de las películas en las salas convencionales -es decir, existen otras como Casa de América o Filmoteca, a precios reducidos- es de 7,5 euros).

Hace un par de años vi en Montevideo una gran película llamada "El último bandoneón", de Alejandro Saderman, en la que la odisea de una joven en busca de un doble A (el stradivarius de los bandoneones) para entrar en una orquesta dirigida por Rodolfo Mederos sirve como excusa para presentar un bello panorama de las milongas porteñas y los veteranos que se juntan semana a semana (aunque sea en un garaje de barrio) para tocar este increíble instrumento.



Iba muy predispuesta a llorar amparada en la oscuridad del cine, pues sabía que me emocionaría viendo esta película. Lo que no imaginaba es que mis sollozos y mis mocos no se iban a escuchar ¡¡¡porque casi toda la sala estaba igual!!! Entonces comprendí que no es lo mismo ver (o escuchar) tango en Buenos Aires/Montevideo que hacerlo en Madrid, que las distancias aumentan el sentimentalismo, que la nostalgia y la melancolía suponen un nexo de unión tan fuerte como la universalidad de la música.

Uno de l@s 'maestr@s' que protagonizan la peli (ahora no recuerdo exactamente quién lo dice) comenta en una de las entrevistas que "quien sabe hacer un silencio, sabe hacer tango", en relación a esos segundos mágicos que se producen en los grandes tangos, en los que de repente todos los instrumentos a una dejan de sonar y un silencio desgarrador se apodera del aire. Más allá de la lectura musical, a mí me pareció una gran metáfora de la vida, sentí que definía perfectamente cómo el alma puede quedar encogida ante las grandes emociones (sean visuales, sonoras, de piel...), cómo a veces nos quedamos sin palabras para definir lo que ocurre y cómo todo eso lo refleja a la perfección el tango.

Carlos García y José Libertella (ya desaparecidos), Horacio Salgán, Mariano Mores, Virginia Luque, Osvaldo Berlingieri, Leopoldo Federico, Ernesto Baffa y otros más reciben un cálido homenaje desde la realización del proyecto de la película hasta la conclusión de la misma, en un apoteósico final en el Teatro Colón, de Buenos Aires. Para quienes piensen que el tango es sólo cosa de una orilla del Río de la Plata, entre las figuras destaca Lágrima Ríos (que también se fue poco después de colaborar en el documental y en el disco de Bajofondo Tango Club "Mar dulce") con su peculiar estilo y, cómo no, imágenes de Montevideo y sus llamadas...

Un sábado por la tarde es un momento ideal para ponerse nostalgiosa. Y es cierto que se puede hacer gratis, que no hay que hacer grandes gestos y mucho menos grandes desembolsos para algo así, que basta con sacar fotos del cajón o leer un libro de poemas o mirar el atardecer por el balcón. Lo peculiar es que se pueda contemplar semejante espectáculo y vivirlo en comunidad (creo que así se puede definir lo de esta tarde) por sólo un euro...

8 comentarios:

yonky dijo...

BIEN SABES QUE AQUI EN EL SUR TAMBIEN ANDAMOS EN BUSCA DEL REBUSQUE,AUNQUE YA HACE TANTO TIEMPO QUE MAS BIEN ES UNA CONDICION DE HABITO YA IMPLANTADA,Y EL EXPERTO CAZADOR NOCTURNO SIEMPRE ENCUENTRA ALGUN RINCONCITO DE LA CIUDAD DONDE REGOCIGARSE.
ME QUEDO CON ESTAS DOS PELICULAS AGENDADAS

CARIÑOS DESDE LA OTRA ORILLA

Santiago dijo...

Una delicia de posteo para los rioplatenses.
Intentaré piratear esas películas, ya que aquí no están en las salas.
Gracias.
Un abrazo desde la sucursal pequeña del tango. Siempre digo que la casa central es en la vereda de enfrente.
Te cuento una cosa? Después de una vida dedicado a la música clásica y al barroco europeo, te aseguro que si volviera a nacer, tocaría el bandoneón. Porque a veces uno se descubre cuando ya es tarde...

amelie dijo...

YONKY: sí, en realidad me sentí medio 'pelotuda' (si me permites) hablando de precios altos y demás conociendo las realidades de otros muchos lugares...
Sí, las pelis te las recomiendo muy mucho. Como digo, "El último bandoneón" la vi dos años atrás en cine (en Montevideo), quizá ya se pueda conseguir en dvd. Y la otra se estrenó en cines el año pasado (si no recuerdo mal) en Argentina, así que quizá se siga proyectando en algún lugar. Búscalas porque son lindísimas para ver y emocionarse. Un beso grande desde esta orilla del río de la Plata (jajaja)

amelie dijo...

SANTI: pensé que todo un hombre de música como usted había visto estas delicias. Ve, ve, ve a conseguirlas donde sea y como sea, te encantarán. Y no me extraña lo más mínimo que tengas esa sensación sobre el re-nacimiento. Igual tú, que ya tienes conocimientos musicales, aún tienes tiempo de aprender, ¿no? Yo soy una adicta a la música y siempre estoy escuchando o canturreando o pensando en música, pero no toco instrumento alguno. Probé fortuna con la percusión y sé que tengo que hacer algo con esa inquietud que tengo. Y creo que aún estoy a tiempo, amigo. Así que dele p'alante. ¿Quién dice que no nos juntamos en algún quinteto tanguero, usté al bandoneón y yo ya veré si al piano? Jajajaj... Beso grande desde 'la casa de al lado'

ANONIMA VENECIANA dijo...

Amelie. Siempre es hermoso leerte y esta vez me emociona todo lo que decis porque es cierto, el tango es un sonido especial y el bandoneòn una queja que te apretuja el alma porque es puro sentimiento. Cuando estudiaba, el padre de una compañera tenia uno, y mientras ellas leian, yo molestaba tratando de sacar una nota ,,ja.ja.ja., pero igual cada sonido es como làgrimas que se van prendiendo al alma....Te cuento que mi asignatura pendiente es cantar tangos , pero en el proximo espectaculo me voy a dar el gusto y tambièn a tocar el bombo leguero..ese instrumento que sabe a tierra, a cueros y que si, se tocar..... Asi que animate que ya la orquesta està armada y salimos juntas.ja.ja.ja.
Y me encanta sentir como tu corazòn està en Madrid y siente esta nostalgia tan sana y disfrutas tu sàbado con las quejas de un bandoneon arrabalero.....ah, no, ese es un tango...ja.ja.ja.
Te mando un otoño porteño para tu madrid, lleno de tango, de bandoneòn, nostalgia y todo lo que vos le quieras agregar
Todo mi cariño
Vene

Un tal Iván dijo...

¡Quiero ver esa película YA! Me emocioné viendo esa presentación y leyendo tu texto. El último bandoneón, como sabés, es una mis preferidas. Uno ve la energía de esos veteranos y la pasión que ponen en lo que hacen que siento sana envidia, los tomo como ejemplo de vida. Nuestro Benedetti unió en un bello poema la vida y el bandoneón. Te mando un beso cálido desde esta fría Montevideo y dejo hablar a Mario:

BANDONEÓN
me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca dios
pero yo estoy seguro que es troilo
ya que dios apenas toca el arpa
y mal

fuere quien fuere lo cierto es
que nos estira en un solo ademán purísimo
y luego nos reduce de a poco a casi nada
y claro nos arranca confesiones
quejas que son clamores
vértebras de alegría
esperanzas que vuelven
como los hijos pródigos
y sobre todo como los estribillos

me jode confesarlo
porque lo cierto es que hoy en día
pocos
quieren ser tango
la natural tendencia
es a ser rumba o mambo o chachachá
o merengue o bolero o tal vez casino
en último caso valsecito o milonga
pasodoble jamás
pero cuando dios o pichuco o quien sea
toma entre sus manos la vida bandoneón
y le sugiere que llore o regocije
uno siente el tremendo decoro de ser tango
y se deja cantar y ni se acuerda
que allá espera
el estuche.

Santiago dijo...

Qué lindo eso de Benedetti.

amelie dijo...

VENE: Jajaja, tengo un amigo de Buenos Aires que dice que me veía algún día cantando tangos, que tenía toda la pinta de una de esas mujeres de voz desgarrada (y un poco arrabalera jajaja) y por supuesto el alma. Sólo me falta tener la caradura para hacer algo así, pero veo que tú ya estás en pleno pre-espectáculo, así que cualquier día jajaja... Te mando un beso grande (desde el calorcito de Madrid).

IVÁN: no sé qué me pasa pero cada vez que leo ese poema se me eriza la piel y me imagino tomando un 'ribera'. Gracias por evocarlo.

SANTI: idem.