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domingo, 20 de enero de 2013

Maneras de extrañar (y de querer)

Esta noche tengo alma de tango. Y no es justo, lo sé. Una de mis mejores amigas emprende esta noche una linda aventura: se va a vivir a Buenos Aires. Me encanta saber que, más allá de la tecnología, el trabajo seguirá uniéndonos (cada una en un lado de la pantalla) y, sobre todo y por encima de la penita de hoy, que va a empezar una nueva vida. Con la falta que eso hace en estos momentos.

No tenía claro qué escribir ni siquiera pensaba hacerlo, pero ahora, al revisar comentarios e imágenes de facebook, he empezado a reirme al contemplar las diferentes maneras que tenemos los seres humanos para afrontar determinadas situaciones y, especialmente, determinados sentimientos.

¿Cuántas maneras hay de extrañar a alguien? Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que tantas como personas diferentes hay sobre la faz de la tierra. Pero me concentraré en tres ejemplos reales que bien valdrán como resumen de la vivencia de hoy. Una amiga, de esas que van de duras por la vida, alardeando y vociferando a la vida, limpiándose besos de las mejillas y escapando de los abrazos, decide confesar -a falta de una hora y media para el despegue del avión- que se le va una parte del alma. Otra, que también tiene una barrera impresionante para los asuntos trascendentales, aunque luego basta con rascar un poquito -si se la conoce, claro- para encontrar el tesoro oculto, no puede hablar por teléfono (una de las cosas que, por otra parte, más le gusta hacer) y se pone a cocinar. El tercer caso es el mío: tras saber que la viajera no quería despedidas de aeropuerto, los lagrimones han empezado a resbalar por las mejillas (en medio de mi jornada laboral) y, al llegar a casa, he tropezado en La 1 con "Las trece rosas", una maravillosa película para seguir llorando. La despedida (trágicamente triste, es decir nada que ver con lo de mi amiga) de esas jóvenes ha coincidido en hora con la salida de ese vuelo de Iberia y he dejado de llorar.

lunes, 5 de octubre de 2009

Chau negra

Acababa de llegar a casa de Paula desde lo de Selva y Rodolfo. Ella finalmente no pudo venir al asado porque su papá había empeorado. Era 10 de diciembre de 2007 y Buenos Aires, en concreto Plaza de Mayo y sus alrededores, era un hervidero de gente. Ese día asumía la nueva presidenta y la gente festejaba en la calle o simplemente disfrutaba de las actuaciones musicales. Nosotras estábamos bastante lejos del punto neurálgico de la celebración, así que seguimos el resumen nocturno por televisión, al tiempo que nos poníamos al día sobre nuestras respectivas jornadas. Y cuando vimos salir a "La Negra", nos dimos cuenta de que teníamos que haber estado ahí...

Nunca vi actuar a Mercedes Sosa y ese día estuve muy cerca de poder hacerlo. Años atrás, cuando actuó en Madrid, en el patio central de Conde Duque, uno de mis lugares favoritos -donde ya no hay más conciertos-, yo no la conocía tanto y Selva y Rodolfo, que vivían en España en aquel momento, fueron con Nieves y José, grandes admiradores de su voz profunda y cálida. Pero en los últimos tiempos, especialmente después de mi solitario viaje por tierras del norte argentino, me pegó bastante fuerte su manera de interpretar. A pesar de que Violeta Parra es la creadora, poca gente puede disociar "Gracias a la vida" de la Sosa, por ejemplo.

Hoy se detuvo su corazón. Pero sus canciones seguirán sonando...


viernes, 4 de septiembre de 2009

Cumplimos 100

Ésta es mi entrada número 100. Llevo tanto tiempo pensando en qué ocurriría al llegar esta cifra que, ahora que está aquí, nada tiene que ver lo que voy a escribir con lo que imaginé. Básicamente porque voy a hablar de algo que pasó ayer mismo, así que de difícil forma podría haberlo meditado antes.

Ayer (el miércoles 2 para entendernos, por si alguien lo ve en otro momento) tuve la suerte de conocer a Vitico, leyenda viva del rock argentino. Ahora ya no está Pappo (quien falleció en accidente de tráfico en 2005), pero sigue estando su música. Y Vitico, un tipo que, a sus 61 años, toca con su hijo Nicolás y con su sobrino Sebastián y con otros dos 'jovenzuelos', Pancho Isola (en la batería) y Ariel Rodríguez (en la guitarra) en Viticus, la banda que formó en 2002, sigue pensando en él.

En la entrevista me encontré con un tipo curioso, capaz de divertirse 40 años después de seguir en un escenario, ansioso por pavonearse de "meterla donde la metía Jimi Hendrix" (palabras textuales), ávido de nuevas experiencias en la carretera y feliz de seguir cantando y tocando su bajo Fender.

Viticus está de gira por España y yo, que pude ver anoche el concierto que la banda dio en Madrid, deseo que mucha gente pueda disfrutarlo igual, porque se trata de un rock de verdad, de un rock de gente motera, de un rock de los de antes aunque sin anacronismos, de un rock potente y divertido. Porque en el fondo, como ayer decía Vitico, él sólo es un tipo que trata de divertirse con todo lo que hace...

Más allá de la satisfacción profesional que me provocó esta entrevista, me queda la lección personal de un veterano, orgulloso de las cosas que ha hecho (incluso de las menos buenas) y feliz por poder seguir con lo que le gusta. Ojalá todo el mundo pudiese decir lo mismo...

P.D. Para quien tenga interés en seguir la gira española de Viticus, aquí van las fechas y los lugares de actuación durante septiembre: