Hace tres años, en Río de Janeiro, Uruguay jugaba contra Brasil una eliminatoria de la Copa América (el equivalente a la Eurocopa de selecciones) de Venezuela, ya no recuerdo si cuartos de final. Diego Forlán falló un penalti en la tanda posterior a la prórroga y mi comentario fue: "Ya está imbuido del espíritu atlético" (acababa de fichar por mi equipo en esas fechas). En esa misma velada, mi acompañante me enseñó que el "Loco" Abreu suele tirar las penas máximas "a lo Panenka", con todo el riesgo que eso conlleva. Uruguay quedó apeada por la "canarinho" ese día.
Hoy, horas después de que Brasil quedase eliminada del Mundial de Sudáfrica por Holanda, Uruguay se ha clasificado para semifinales. Más allá de los nervios del final de partido (especialmente con esa mano, ahora providencial, de Luis Suárez), me quedo con la resolución, de nuevo, en la lotería de los penaltis. Cuando vi a Forlán caminando hacia el área, me entraron los temblores. Pero es cierto que este Diego ya no es aquél y hasta puede presumir de haber dado un título europeo al eterno sufridor del Atleti. No obstante, el momento culminante fue el de la llegada de Abreu al fatídico lugar y, antes de verlo lanzar, avisé a mis compañeros de redacción: "Uf, qué miedo, lo va a lanzar a lo Panenka". Y dicho y hecho. Pero no se fue fuera. Entró. Claro que entró. Y ahora el "Loco" tiene algo de deidad.
Hablando de divinidades, otro Diego (Maradona) dijo hoy que Dios quiere que Argentina esté en la final. No estoy muy segura de si eso es así, pero me parece que hoy Dios se vistió la celeste, ¿o no?
Por mi parte, al menos hasta el día que se juegue la semifinal entre Holanda y Uruguay, mis rinconcitos naranjas pasan a ser celestes.
