A veces el tiempo se detiene. Y parece infinito. Internamente sabes que todo acaba, que pasará una hora (o mil) y estallará la pompa de jabón multicolor. Pero no lo sientes así. Lo que deseas es que el corazón pueda ensancharse, que sus paredes sean tan flexibles como el globo de un chicle, porque sientes -de verdad lo sientes- que puede llegar a romperse ante tamaña exhibición de Belleza. Intentas respirar e, incluso, en algún momento de heroicidad lo consigues. Y miras a tu alrededor. Y esas luces deslumbrantes no hacen sino resaltar lo que ya tenías más que visto, solo que ahora con matices asombrosos. Y temes que la caída del telón suponga también que el sueño se esfume. Pero, como bien dirías después, la primavera recién estaba deshaciendo su maleta al llegar a casa. Por eso las calles empedradas nos abrazan y los efluvios báquicos nos encantan. Por eso, todavía hoy, en un tiempo detenido bastante tiempo después, seguimos suspendidos en un ay.
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domingo, 24 de marzo de 2013
martes, 22 de enero de 2013
Piezas de mi colección privada
El museo del Prado estaba hoy lleno de peques. Había varias excursiones organizadas por colegios, con sus pacientes profesoras al frente (y en medio y al final, para que nadie se dispersase) de las hileras uniformadas de niños y niñas que anudaban sus manitas para no extraviarse. E iban cruzándose por mi camino todo el tiempo. Y yo observaba sus caritas ojerosas, cansadas, traviesas, divertidas, al tiempo que me sumergía en el siglo XVII español a través de su pintura. Y trataba de adivinar si aquellos chavalines podrían paladear (como yo) el aire encerrado en "Las Meninas" o simplemente se fijarían en el perro tirado a los pies de la infanta Margarita y se identificarían con el juguetón de Nicolasito Pertusato.
Menos trabajo me costó traducir lo que observé "dos siglos después" en un piso inferior, durante la visita que, cada cierto tiempo, hago a mi perro. Allí, entre las trece pinturas negras que Goya inmortalizó en la Quinta del Sordo, una pareja madurita jugaba a la infancia. Aquella mujer y aquel hombre que apenas enlazaban un par de dedos (como aquellos alumnos de la planta de arriba) y se miraban como si no hubiese otra manera posible de mirarse que esa pintaban ante mis ojos (y los de mi perro) un lienzo de brillantes colores que contrastaba con la trágica sala. Ella le susurró algo imperceptible a mis oídos y él la miró emocionado y la besó con ternura. No había nadie más alrededor. Me sentí el ser más privilegiado del planeta por ser la única espectadora de aquella performance. ¿Qué mejor obra de Arte que el Amor absoluto? ¿Qué mejor lugar, por tanto, para una demostración afectiva que una pinacoteca?
viernes, 4 de enero de 2013
Nueve años de Vida
El 3 de enero de 2004 entré por primera vez en aquella casa de Carabanchel. Lucía un sol espléndido, tanto como el de hoy. Yo iba refunfuñando. Me había gustado tanto la que había visto en el centro la tarde anterior que sabía que este cuarto piso sin ascensor en un barrio "periférico" no me atraería nada. Por supuesto, como tantas otras veces en la vida, me equivoqué. Tras hacer la correspondiente visita con la dueña, invité a la chica de la inmobiliaria a tomar una cerveza en un bar (que hoy ya ni existe): sabía que había encontrado "mi lugar".
Aunque su "cumpleaños oficial" es el 30 de enero (fecha en que pasó a ser de mi propiedad, bueno, mejor dicho del banco al que pago su hipoteca), hoy celebro estos nueve años de convivencia, nueve años cargados de Vida. Han sido much@s l@s amig@s que se han alojado entre sus paredes (tanto que ya ha sido bautizado por algun@s como el "Hostal Carabanchel"); muchos más los corchos de vino acumulados en tantos y tantos brindis; bastantes las fiestas, reuniones y/o encuentros gastronómicos celebrados; intensas las charlas mantenidas en todos sus rincones, empezando por la terraza y terminando en el dormitorio; anécdotas (algunas) que mejor olvidar; abrazos (infinitos) que mejor seguir atesorando; lindas las dedicatorias que pueblan las hojas de su libro de visitas...
"Ya se oyen las risas, los besos, las lágrimas, las caricias, las músicas, los sonidos de las copas y los cubiertos..." (9-4-2004). Con esta frase, mi mejor amigo -que parece conocerme bastante mejor que yo misma- adelantaba en una de aquellas primeras páginas lo que ocurriría en los tiempos siguientes, cuando yo ni podía imaginarlo.
Mi casita (que hoy es naranja, aunque cuando la conocí sus paredes eran blancas) crece al tiempo que yo lo hago. Su decoración (que ni siquiera está terminada después de tantos años) es tan variable como mi humor, pero si de algo estoy orgullosa es de que quien la pisa reconoce sentirse "como en casa". Y eso, de alguna manera, también habla de mí, de mi manera de ser, de mi forma de compartir mi vida, de mi relación con mi gente querida (o simplemente de paso).
Hace nueve años no imaginaba que hoy estaría escribiendo algo como esto, pues no tenía ordenador y mucho menos internet. Hace nueve años no soñaba con vivir tanta Vida.
jueves, 28 de junio de 2012
Seguir siendo un niño
"Con la inocencia tan graciosa,
que cambia el nombre de las cosas,
con ese brillo que te quita el frío,
cuando las noches son lluviosas...
Volver a ser un niño, volver a ser un niño,
volver a ser un niño, volver a ser un niño..."
(Los Secretos, "Volver a ser un niño")
Aquel pequeñajo iba engurruñado en su asiento y sus diminutos pies, alejados de los protocolos de urbanidad (quién le va a explicar a un niño qué es exactamente eso), apoyados sobre el mismo. Su cara, medio escondida tras sus manos, denotaba aspecto de granujilla, uno de esos que tienen tal grado de travesura como de simpatía y de ternura. Una señora le hacía gestos desde la fila enfrentada a la suya y él le devolvía la jugada. Yo llevaba un rato observando aquel intercambio anímico y continué hasta que la mujer llegó a su parada y ocupó su lugar un hombre de mediana edad (sin duda parecía mucho más joven de la realidad que marcaban algunas arrugas alrededor de sus ojos mínimos). Su mirada se ilusionó cuando vio que aquel crío le vigilaba desde detrás de su visillo digital y le enviaba señales. Él sonrió y empezó a hacerle burlas con la lengua y a bromear desde la cercana distancia, a lo que el chaval respondió durante varias estaciones. Su madre, desde el asiento contiguo, disfrutaba con el entretenimiento de su hijo y de aquel "niño grande". Mientras, el resto del vagón ni se inmutaba...
La mirada de un niño es la más cristalina que existe, la única capaz de vislumbrar al otro desde el fondo mismo del alma, la que permite reconocer a un semejante -aunque este pueda, en algún caso, triplicar o cuadruplicar su edad-. Una de las cosas más importantes en esta vida es mantener la inocencia (incluso la ingenuidad, por qué no), la brillantez, la calidez y, por supuesto, la limpieza de aquella mirada que tuvimos en la infancia. Solo esa nos permitirá distinguir lo bello de lo feo, la verdad de la mentira, el Amor de cualquier otro juego...
miércoles, 6 de junio de 2012
Al mal tiempo, buena cara...
Hoy no ha sido un buen día. Pero, siguiendo los consejos de una Gran Amiga, optimista irredenta ella, le pongo al mal tiempo buena cara, porque no conviene regodearse en lo malo, porque no se gana nada anclándose al dolor, porque unas palabras dichas a tiempo borran cualquier nubarrón de silencio, porque a los "alien" solo hay que dejarles espacio en las pelis, porque ya vendrán tiempos mejores (o al menos cabe esperarlos).
Porque para salir así de linda en una foto se necesita que alguien te mire así de bien...
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viernes, 13 de abril de 2012
Una microhistoria de Amor
Por primera vez se invirtieron los papeles y no solo era él quien esperaba, sino quien hacía burlas al otro lado del cristal (como ella bromeaba cada noche en su despedida a través de la ventanilla). Sus ojos de niño chico sonreían tanto como sus labios. Tenía ganas de sorprenderla. Y ella, tan apurada hasta ese instante bajando los escalones, dejó ya de correr. Su rostro, tan apagado el resto del día, volvió a iluminarse...
Por primera vez sonó música lejana durante el vaivén noctámbulo del metro. Y tan ocupados estaban sorbiéndose el alma a través de los ojos que no advirtieron que el acordeonista ambulante estaba ya a su lado tras recorrer el resto del vagón. Él, con un cierto rubor en las mejillas, esbozó un suave "hola", por lo que ella se dio cuenta de que el artista se había situado a su espalda y que estaba dispuesto a dedicarles un tema.
"Es la historia de un amor / como no hay otro igual..."
viernes, 13 de agosto de 2010
Liviandad
La última vez que aparecí por aquí hablaba sobre la amistad, sobre la importancia de ESAS personas que convierten nuestra vida en maravillosa por sus detalles, por sus invisibles gestos, por sus mínimos movimientos que, como aleteos de mariposa, transforman cuanto hay alrededor. Sin darse cuenta...
Ayer, mientras me dirigía al metro para ir a trabajar, me di cuenta de que pesaba mucho menos, de que caminaba ligera como una pluma, de que me sentía liviana. Quienes me conocéis, sabéis que esto suena a chiste, ya que mi físico es todo menos flaco, así que tuve que buscar los motivos en mi alma... y en un par de locas que tengo por amigas. No suelo reclamar ayuda, soy de esas personas que se considera autosuficiente y que, antes de pedir un favor, se lo piensa mucho. No es ni bueno ni malo, sólo mi realidad. Por eso, en medio del aprendizaje de mis últimos tiempos, ser capaz de enviar un mensaje matutino expresando un cierto malestar (irracional, ilógico e inexplicable, por otra parte, pues estaba relacionado con prodigios de la vida) fue todo un avance. Lo que jamás pude imaginar es que ese par de locas que tengo por amigas decidiera saltarse cualquier tipo de norma social, de responsabilidad u obligación para presentarse en mi casa a hacer de wonderbra.
Acostumbrada a sostener a otras personas, a ser un centro energético, a regalar mi tiempo por amor/amistad, a convertirme en mí misma a partir de l@s demás, a ser a partir de mi relación con l@s otr@s, sentí que mis hombros se descargaban definitivamente, que el camino es más fácil cuando se comparte el equipaje y que, por eso, más que andar por la calle, lo que estaba haciendo era volar cerquita de las nubes. La espontaneidad de ese gesto (MARAVILLOSO GESTO) me dio la liviandad con la que ahora ando por la vida. Y la certeza de que no está tan mal pensar a veces en una misma...
viernes, 11 de junio de 2010
La vida es pura exposición

"¿No se escribe para eso, para compartir con otros seres humanos?"
(Ernesto Calabuig, "Expuestos")
Hace tiempo alguien me dijo que, habida cuenta de mis participaciones en distintos espacios virtuales, yo tenía una necesidad excesiva de comunicación. No lo niego y, además, no me parece negativo. Yo soy yo, pero también lo soy a partir de mi relación con los otros. De hecho, el lunes pasado, reconocía ante un amigo en Frankfurt que una de las cosas que tengo clara en la vida es que me gusta (más bien preciso) estar en contacto con la gente y que, a pesar de disfrutar de mis espacios de soledad, jamás podría ser una eremita.
De comunicarse, de relacionarse, de vincularse con otros seres humanos habla la novela "Expuestos", de Ernesto Calabuig, su primer largo después de ese impecable libro de relatos titulado "Un mortal sin pirueta", en el que vuelve a deleitarnos con su forma de tratar el paso del tiempo y con su mirada sobre las figuras de verdad. Tres personajes (Jaume Climent, Anne Zieske y Rüdiger Beck) y otras tres ciudades, una de ellas en un relativo horizonte (Madrid, Frankfurt y Berlín), para situar una bella historia, en la que el autor pasea por el amor, la literatura, la filosofía, el viaje, el no retorno, en definitiva la VIDA como ese escaparate donde cada uno de nosotros estamos, como reza el título, expuestos.
Aunque es el miembro de la familia con quien menos relación tengo (su hermano es mi MEJOR AMIGO -uso las mayúsculas, porque hay palabras que quedan cortas para nombrar a ciertas personas- y con su madre y su hermana he compartido grandes momentos catárticos), puedo afirmar que Ernesto es un amigo. Y, por eso, hoy le dedico este homenaje. Porque aunque estaba previsto que yo comprase la novela este sábado, en la Feria del Libro de Madrid, aprovechando su firma de ejemplares, ésta se me apareció casualmente la semana pasada, un día antes de mi viaje a Alemania.
"A veces parece que todo sea oportuno, que cuadra o encaja, que se encuentra a mano para reforzar lo que uno quiere expresar", le dice Rüdiger a Jaume en una escena. Ese tipo de coincidencias que permiten hallar esta novela cuando no la buscaba, de la misma forma que, en 1994, encontré en una estantería de la madrileña Casa del Libro "Berlin Alexanderplatz", la obra de Alfred Döblin que tanto me impactó en ese momento y que ahora es referencia constante en el libro de Ernesto.
O que parte de la novela transcurra en Frankfurt y que Jaume se convierta, involuntariamente, en guía turístico (cuando, de hecho, en un momento pretende huir de alguien así) al hablarme del centro histórico de la ciudad, del apfelwein (especie de sidra) que suele beberse en las tabernas, de la kartoffelsalat (ensalada de patata) que comerá, del recurrente juego de palabras al hablar de Mainhattan (por el nombre del río que cruza la ciudad y el skyline ofrecido por sus muchos rascacielos), de la gente disfrutando del buen tiempo a ambas orillas del Main, de la cerveza Binding que le ofrecen durante una charla con Rüdiger...
También porque, leyendo esta novela, me he recordado en el "Molly Malone" de Malasaña y me he visto en Roma arrancando un trozo del mantel de "La Montecarlo" y he tenido consciencia -una vez más- de personas pasadas devenidas ya en personajes y me he embarcado en debates sobre la creación literaria. O porque, a lo largo de sus páginas, me he sentido como al escuchar las canciones de Luis Eduardo Aute -muchas de ellas repletas de referencias culturales-, con la necesidad de investigar y aprender mucho más sobre cuanto me rodea.
Con la inseguridad del escritor novel, Jaume llega a decir: "Qué difícil, pues (...) asumir la convicción de que haga falta 'contar', o mejor: la convicción de haga falta que 'yo' cuente". Afortunadamente, Ernesto asumió esa convicción y nos regaló estas 164 páginas cargadas de contenido real y no de vacuidades; de verdades y no de palabras-unidas-para-rellenar-espacio-porque-tenemos-que-vender-libros.
(Ernesto Calabuig firmará ejemplares de su novela en la Feria del Libro de Madrid, caseta 303, Menoscuarto Ediciones, el sábado 12 de junio, de 12 a 14 horas)
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jueves, 13 de mayo de 2010
"Qué manera de sentir, qué manera de soñar, qué manera de aprender, qué manera de sufrir"
Esas increíbles frases corresponden al estribillo del Himno del Centenario del Atlético de Madrid escrito por Joaquín Sabina. También dice "qué manera de subir y bajar de las nubes". Hoy nos tocó descender a lo bestia después de unos minutos tocando el cielo para una última remontada bestial que nos dejó en lo más alto, sin respiración, con las lágrimas contenidas (o vertidas, que cada cual lo aplique a su caso), esperando que el árbitro pitase el final del partido.
El Atleti ganó su segundo título europeo, la Liga Europa, 48 años después del primero. Y lo hizo como corresponde a su filosofía vital: sufriendo. Una amiga desde Bogotá me decía que el título era rojiblanco pero que habría prórroga y penaltis. Bien, sólo se equivocó en los lanzamientos de pena máxima. El equipo rojiblanco se adelantó gracias ¡cómo no! a Diego Forlán. Pero la alegría sólo duró seis minutos, los que tardó en empatar el Fulham. Con el 1-1 terminó el partido y transcurrió buena parte de la media hora temida, ésa que antecede a la tanda de la lotería. Durante los últimos minutos, yo intercambiaba mensajes con un amigo sufridor, en Madrid, que llegó a decirme: "esto es inhumano". Y apenas segundos después de este intercambio dramático, llegó la jugada del éxtasis, la protagonizada por Sergio "Kun" Agüero y rematada por el U-RU-GUA-YO.
Volví hace ya un buen rato de Neptuno, la plaza donde la gente del Atleti festeja sus triunfos y que estaba, por ese motivo, un poco abandonada desde que hace 14 años los rojiblancos ganasen el doblete con la Liga española y la Copa del Rey. En esta ocasión, se puede repetir la hazaña, ya que el próximo miércoles disputarán la final de Copa ante el Sevilla. Sé que Uruguay necesita a Forlán bien descansado para el Mundial de Sudáfrica, pero, por lo que voy averiguando de este gran hombre (más allá del futbolista, se encuentra una gran persona), estoy convencida de que él preferirá pelear por un título universal después de ganar dos en su actual club. Ya pasó por otros, con mejor o peor trayectoria, pero en ninguno disputó finales. Ahora sumó su primer triunfo importante con el Atlético de Madrid. ¿Llegará el día 19 el segundo?
Por si acaso, esta noche nos lanzamos a la calle mucha gente, deseosa de festejar, de superar esa condición de "pupas", de seguidores del equipo madrileño que nunca gana nada (como si el vecino de la Castellana últimamente celebrase algo), de sufridores de bromas que nos gastan los demás, de rara avis que no sabemos cómo explicar por qué somos del Atleti (más que a través de los sentimientos). Y había buena energía, mucha gente joven (que, por supuesto, no ha visto lograr jamás un título rojiblanco), también matrimonios mayores ataviados con sus bufandas, pandillas de chicas y chicos con cintas en la cabeza, camisetas con diferentes nombres a la espalda y banderas en las manos, niñ@s llevad@s por sus progenitores e incluso un perro tapado con una tela rojiblanca y sostenido en brazos de su dueño. Había risas, había buen humor, había gente fotografiándose con desconocid@s, había cánticos, había aplausos, había amor por unos colores.
"Qué manera de aguantar,
qué manera de crecer,
qué manera de sentir,
qué manera de soñar,
qué manera de aprender,
qué manera de sufrir,
qué manera de palmar,
qué manera de vencer,
qué manera de vivir,
Qué manera de subir y bajar de las nubes,
¡que viva mi Atleti de Madrid!"
(Joaquín Sabina, "Himno del Centenario")
sábado, 6 de febrero de 2010
No todo está perdido
"Quién dijo que todo está perdido
Yo vengo a ofrecer mi corazón..."
(Fito Páez, "Yo vengo a ofrecer mi corazón")
Según lo que aparece en los medios de comunicación, el mundo no tiene salvación. Más allá de los inevitables, impredecibles e incontrolables fenómenos naturales (como terremotos, sismos, tsunamis, inundaciones, erupciones...), parecería que el ser humano está empeñado en hacer daño a sus congéneres y demás especies: atentados, crímenes, abusos, secuestros, guerras, cacerías...
Pero yo soy de esas personas que creen que no todo está perdido si existen (existimos) un@s cuant@s capaces de sonreír, de tener una palabra amable, de abrazar, de besar, de amar, de confiar, de ofrecer oportunidades.
Esta mañana me encontraba en una tienda, esperando para hacer una pregunta. Era una tienda infantil, dedicada a juguetes formativos. No sé por qué, pero una espera que, al entrar en un lugar así, la gente debe estar de buen humor o, al menos, tener una cierta conciencia de lo que debe ser la educación de l@s niñ@s.
No encontraba el artículo que buscaba, así que aguardé a que la dependienta terminara de atender a una señora para preguntarle si lo tenía o si debía ir a otro establecimiento de la misma cadena. La clienta ya me había parecido bastante rara desde el principio por las cosas que le decía a la joven, pero cuando llegó el momento de pagar lo que había comprado destapó el tarro de sus desagradables esencias. La chica le preguntó si tenía su carné de fidelidad de la tienda, a lo que ella respondió que quizá sí, pero se lo había dejado en casa. Entonces, ella le explicó que para hacerle el 5 por ciento de descuento correspondiente necesitaba sus datos para encontrarlos en la terminal electrónica. La señora decidió no dárselos y, cuando vio que la dependienta le cobraba el precio completo, sin el descuento, le espetó
- Entonces ¿no me haces el 5 por ciento? Ya lo tendré en cuenta, ya...
En ese momento me contuve las ganas de decir nada, pero una piensa que, por respeto, es mejor no meterse con personas así (ya he tenido algunas experiencias desagradables en el super) y que, una vez se hubiera marchado de la tienda, expresarle el apoyo a la comercial. Pero, como un ángel divino, el señor que aguardaba, también pacientemente, a que la señora terminara su numerito en el mostrador pronunció las siguientes palabras:
- Mire, es que yo sólo quería preguntarle una cosa.
- No, si yo también estoy esperando para una consulta.
- Ah, si es así, espero, claro.
La dependienta, que no había dejado su tarea de envolver en papel de regalo lo que la señora había comprado, me miró y me preguntó qué necesitaba saber. Tardó dos segundos en mostrarme el catálogo para que le señalara el producto que buscaba. Ese mismo tiempo tardó la señora en abrir su bocaza para decir:
- Mira, que tengo médico a las 12 (frase que, por cierto, ya había pronunciado tres veces en el tiempo que la chica le sacaba la cuenta y demás).
Y el ángel-señor, de repente, extendió sus alas hechas voz para decirle a la señora que ya estaba bien de ser tan impertinente y de faltarle el respeto a la chica, que ya todos habíamos escuchado su historia del médico y que si tanta prisa tenía, haber ido antes a comprar, a lo cual la otra respondió que quién era él para meterse en su vida, que tenía que ver sus circunstancias, que él le resultaba indiferente y que no tenía por qué aguantar sus frustraciones.
Después de unos minutos en medio de esa tensión, la señora se fue con su compra hecha y la cabeza bien alta, mientras nosotr@s -el ángel-señor y yo- conversábamos con la chica de la tienda y le decíamos que vaya paciencia tenía y que era ella quien le estaba faltando el respeto y bla bla bla...
Al salir del establecimiento (con mi pregunta hecha pero sin compra) me quedó el regusto dulcísimo de saber que, a pesar de que este mundo parece una porquería muchas veces, seguimos quedando gente dispuesta a apoyar al de al lado, que en ese "combate" éramos tres (contando con la bondad de la vendedora) contra una y que si en la tierra existe una proporción similar en todas las circunstancias, no todo está perdido.
domingo, 10 de enero de 2010
A ciegas (cuento)
- ¿Sabes que ya ha salido “My blueberry nights” en DVD? Me lo contó el otro día Manuel, mi hijo mayor, que había ido a comprar unos discos a la FNAC y se enteró de que hay un pack especial de películas de Wong-Kar Wei.
- No lo sabía, pero habrá que fijarse en esa oferta. Es un director que me gusta mucho, especialmente aquellas dos que hizo con Maggie Cheung y Tony Leung, “In the mood for love” y “2046”, ¿las recuerdas? No sé la cantidad de veces que las hemos puesto en casa…
- Sí, es que son de una belleza aplastante… Yo ahora estoy en pleno redescubrimiento del cine iraní; me dejaron el otro día “A través de los olivos” y “El sabor de las cerezas”, de Kiarostami.
- ¡Qué grande! A mí me ha dado por las películas españolas, sobre todo las antiguas. El otro día pasé con Rosario, mi mujer, por el kiosco de la glorieta de Bilbao, ése que está junto al Café Comercial, y descubrí que tienen la colección completa que salió con “El País” el año pasado, así que compré “Plácido”, de Berlanga; “Atraco a las tres”, de Forqué; y dos de Buñuel, “Los olvidados” y “Viridiana”.
- Ah, pues tengo que pasarte, si te interesa, la joyita que encontré en casa la semana pasada, ordenando los vídeos. ¿Todavía tienes reproductor de VHS?
- Sí, sí, ¿cuál es?
- “Once pares de botas”, la de Rovira Beleta.
- ¿En serio la tienes?
- Sí, aluciné cuando la encontré… Con ese elenco de futbolistas ¡¡¡por dios!!! lo más granado de los años 50… Bueno, pues eso, que cuando quieras te la dejo.
- Genial… Lo que ahora está triunfando en algunos foros cinéfilos, según me ha dicho mi chico, el Rober, es la compra en e-bay, porque hay un montón de lotes de filmes ya descatalogados. Yo estoy pensando en alguna cosilla así, porque me contó que encontró un cofre con siete dvds de los Hermanos Marx y otro más conjunto de Abott & Costello y Laurel & Hardy, puro humor y todo a precio de ganga. Lo que me tira un poco para atrás es lo del envío, porque no sé si tardan mucho o no en servirlo…
- No puedo asegurarte nada. Yo sólo compré “Signori e signore, buonanotte”, porque salían Vittorio Gassman y Marcello Mastroianni, y tardó casi dos meses, pero me explicaron que era porque en el momento que la pedí no estaba disponible. De todas formas, esto fue a través de la página de una tienda italiana; no sé, esto, al ser venta particular…
- Bueno, no sé, me lo pensaré… Oye, ¿al final se mantiene la reunión en casa de María?
- ¿Para el coloquio sobre “Amanecer”? En principio, sí, era para este sábado. De todas formas, quedé en confirmarlo una tarde de éstas porque la idea era que cada uno llevase alguna curiosidad sobre Murnau. Con lo que sea, te aviso, ¿de acuerdo?
- Gracias. Si no hay foro, podemos organizar una quedada paralela, ¿te parece?
- Bien, quizá para alguna de Bergman o Malle…
Desde la esquina de “La Mallorquina”, donde esperaba a una amiga para tomar un café, observaba a una prudente distancia a aquel hombre y a aquella mujer de mediana edad, de aspecto sencillo, nada intelectual, en pleno coloquio cinéfilo. Siempre he admirado a la gente que domina tanto un determinado tema como para pasarse horas debatiendo sobre el mismo, sin cansarse y aportando datos nuevos a cada momento. Yo apenas podía reconocer un par de nombres de cuantos habían pronunciado. No me importó mirarlos descaradamente mientras comentaban todos aquellos títulos, directores e intérpretes. Ellos no podían advertir mi presencia, a pesar de la cercanía…
- Bueno, suerte con la venta de hoy porque, no sé tú, pero yo, con esto de la crisis, creo que la gente no compra tantos cupones (*)…
- Sí, es cierto, pero a ver si ahora, que viene el Extra de San Juan (*), con eso de repartir tantos millones hay más movimiento de clientes. Aunque sólo sea porque todo el mundo aspira a salir de pobres así…
- Sí, tienes razón … Bueno, me vuelvo para el metro… Hablamos…
- Por cierto, avísame si te enteras de que sale en DVD “A ciegas”, la de Meirelles.
- Jajaja, qué buen chiste... De todas formas, las críticas no fueron muy buenas, pero a mí me gustaron tanto “Ciudad de Dios” y “El jardinero fiel” que confío en la mirada tan particular de este realizador…
(*) Cupones que vende la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE).
Aldebarán
10/06/2009
viernes, 30 de octubre de 2009
De sonrisas y utopías
Habíamos quedado en la plaza de Ópera para tomarnos un café, ese eufemismo que significaba que estaríamos toda la tarde hablando de millones de cosas. El otoño de Madrid nos estaba regalando temperaturas veraniegas, así que decidimos sentarnos en una terraza de las muchas que pueblan la plaza de Oriente.
- Mejor en la callecita ésa, que hay menos gente.
- Sí, perfecto, con tal de que nos dé el sol...
Así que nos encaminamos a una de las calles, la de Felipe V, que salen de la plaza. Y nos sentamos mirando ambas al imponente Palacio Real. El camarero tardó dos segundos en acercarse para tomarnos nota: café solo con hielo para una y agua mineral con gas para la otra. Poco después ya estábamos nosotras entregadas a la charla con nuestros pedidos sobre la mesa...

Pasado un buen tiempo, vi acercarse al camarero. No era la primera vez que en esa zona te piden que les abones la cuenta porque hay cambio de turno y deben dejar la caja hecha para el siguiente, así que no me sorprendió. Lo extraño fue que, en lugar de escuchar esas palabras, oí las siguientes:
- Perdone, pero ¿usted no tiene un fotolog?
Mis ojos se abrieron de par en par...
- Sí, sí.
- Que es un espacio naranja, ¿verdad?
- Sí, claro, "El Rincón de Amelie".
- Eso, eso. Es que antes lo leía todos los días. Ahora ya hace meses que no, pero antes leía todo: sus viajes a Montevideo, el paisito, que estuvo también en Cuba...
- ¿Y por qué ya no lo ves más?
- Han cambiado mis circunstancias personales y ya dejé de entrar.
- Pero ¿lo conocías por algún amigo mío? ¿Tenemos algún amigo en común?
- Bueno, es una historia muy larga. Yo llegué a través de la página de alguien que venía de la página de alguien que venía de la página de alguien...
- Uf, pero qué emoción...
- Sí, sí, así leía "El País" todos los días, veía también su fotolog.
- Estoy acostumbrada a que entren mis amigos y sólo me deja comentarios la gente más cercana, pero una nunca es consciente de que puede entrar gente anónima y seguir las historias que aparecen ahí. Gracias por contarme todo esto.
- Llevaba un rato mirando, la he reconocido por la sonrisa. Después de tanto leer el fotolog, yo pensaba: ¿y si la encuentro algún día por ahí?
- Pues mira, al final nos hemos encontrado. Me ha encantado conocerte y, nada, si algún día te animas, vuelve al rincón naranja, porque sigue igual de cálido y acogedor...
Mi amiga y yo abandonamos esa zona y nos fuimos hacia el Barrio de las Letras, sorprendidas por la magia de la vida y de los encuentros.
Apenas 24 horas antes yo había estado hablando por teléfono con El Gato, una conversación pendiente desde que viajó a Montevideo y más después de los resultados del domingo. Él me había explicado alguna experiencia semejante a ésta, que a él le había saludado gente que lo había reconocido gracias a su blog. Y me hizo mucha gracia pensar que la anécdota del camarero y la terraza había sucedido el mismo día (28 de octubre) en que Iván y yo le dejamos nuestro primer comentario en su espacio. Y también me hizo recordar aquella dedicatoria que Gabriel me dejó en un libro sobre mi sonrisa y la Utopía. Mientras sigamos existiendo un@s cuant@s así por el mundo, todo es posible...
(La conversación con el camarero está reproducida más o menos fielmente; me he permitido la licencia de unirla -en realidad fue en dos tramos- y de omitir todos sus datos personales)
lunes, 19 de octubre de 2009
Madrid también entró en la campaña...


Hoy, domingo, se celebró en Madrid un acto de la izquierda española (PSOE, IU y los dos sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT) en apoyo al Frente Amplio para las elecciones del 25 de octubre. Habituad@s a ver las divergencias entre fuerzas políticas en España, resulta cuanto menos curiosa la imagen de Cayo Lara, coordinador general de la coalición Izquierda Unida, y Pedro Zerolo, líder de Movimientos Sociales del PSOE, sosteniendo la bandera tricolor del FA.
Más sobre el acto en El Observador...
¿Alguien piensa que, en el futuro, sería posible una alianza que englobase a todos los movimientos de izquierda en España como sucede en Uruguay? Ahí dejo la reflexión...
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martes, 13 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
Chau negra
Acababa de llegar a casa de Paula desde lo de Selva y Rodolfo. Ella finalmente no pudo venir al asado porque su papá había empeorado. Era 10 de diciembre de 2007 y Buenos Aires, en concreto Plaza de Mayo y sus alrededores, era un hervidero de gente. Ese día asumía la nueva presidenta y la gente festejaba en la calle o simplemente disfrutaba de las actuaciones musicales. Nosotras estábamos bastante lejos del punto neurálgico de la celebración, así que seguimos el resumen nocturno por televisión, al tiempo que nos poníamos al día sobre nuestras respectivas jornadas. Y cuando vimos salir a "La Negra", nos dimos cuenta de que teníamos que haber estado ahí...
Nunca vi actuar a Mercedes Sosa y ese día estuve muy cerca de poder hacerlo. Años atrás, cuando actuó en Madrid, en el patio central de Conde Duque, uno de mis lugares favoritos -donde ya no hay más conciertos-, yo no la conocía tanto y Selva y Rodolfo, que vivían en España en aquel momento, fueron con Nieves y José, grandes admiradores de su voz profunda y cálida. Pero en los últimos tiempos, especialmente después de mi solitario viaje por tierras del norte argentino, me pegó bastante fuerte su manera de interpretar. A pesar de que Violeta Parra es la creadora, poca gente puede disociar "Gracias a la vida" de la Sosa, por ejemplo.
Hoy se detuvo su corazón. Pero sus canciones seguirán sonando...
sábado, 3 de octubre de 2009
Delirio sabatino
No sé si es algo que se repite en todo Madrid, pues sólo lo he visto en un lugar. Últimamente, en uno de los semáforos de José Abascal, justo el último antes de desembocar en el paseo de la Castellana, veo a chic@s que hacen juegos malabares, bien a pie, bien sobre un monociclo. Y cuando los miro, se me dibuja una sonrisa. Me parece que voy caminando por las calles de Buenos Aires y que, en cualquier momento, junto a los artistas callejeros, se aparecerá Oliverio (Darío Grandinetti) recitando sus poemas buscando algo de 'guita' para poder comer...
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miércoles, 30 de septiembre de 2009
Galeano y yo
"¿Quiénes son mis contemporáneos? - se pregunta Juan Gelman.
Juan dice que a veces se cruza con hombres que huelen a miedo, en Buenos Aires, París o donde sea, y siente que esos hombres no son sus contemporáneos. Pero hay un chino que hace miles de años escribió un poema, acerca de un pastor de cabras que está lejísimos de la mujer amada y sin embargo puede escuchar, en medio de la noche, en medio del a nieve, el rumor del peine en su pelo; y leyendo ese remoto poema, Juan comprueba que sí, que ellos sí: que ese poeta, ese pastor y esa mujer son sus contemporáneos".
(Eduardo Galeano, El arte y el tiempo, "El libro de los abrazos")
Éste fue el libro que me permitió descubrir a Eduardo Galeano hace ya 9 años. Gracias a mi amiga Selva y a su amiga Almendra (en ese momento desconocida para mí, después también amiga mía), que se lo regaló, este libro llegó a mis manos y me pareció que sólo podía pasarlo a l@s demás como un presente. A partir de ese momento, regalé unos cuantos (bastantes) ejemplares. Y yo me hice con uno, gracias a que mi hermanita hizo lo mismo conmigo.
Hoy he tenido la suerte de entrevistarlo, de pasar casi una hora en su compañía a poquitos pasos del kilómetro cero de la Puerta del Sol, a unos metros de la osa y el madroño, en ese arranque de la calle Arenal que habré recorrido millones de veces en mi vida. Como periodista, una tiene la obligación de preguntar y tomar notas para agilizar, después, el proceso de la escritura. Pero, como persona, una tiene el derecho a disfrutar con una agradable conversación con un hombre inteligente, culto y crítico, que te mira directo a los ojos y no evita una sola pregunta. Así que, entre esas dos figuras que me dominan, elegí la segunda y dejé la grabadora sobre la mesa para que fuera ella quien registrase toda la charla. Yo me limité a hacer preguntas (sin mirar una sola de cuantas llevaba anotadas, sino dejándome llevar por la charla) y a disfrutar de una nutritiva conversación. Un profundo abrazo de amigo cerró el encuentro...
Si buscáis en google, ya hay algunos medios que publicaron la entrevista (el titular fue "Eduardo Galeano: 'los libros me escriben'"), aunque, aparte de esas 600 y pico palabras que aparecen, hay casi 1.500 más que quedaron en el ostracismo de la grabación. Lamentablemente los espacios son así...
Más allá de la emoción sentida por entrevistar a un escritor al que admiro tanto y que es capaz de decir tanto a una desconocida (por mucho que sea periodista), hoy he cerrado un círculo maravilloso abierto hace 5 años. En 2004 fui a la Feria del Libro de Madrid, con la intención de preguntarle por las eliminatorias del Mundial (en ese caso de 2006), por aquello de que yo trabajaba con la información deportiva y Uruguay, como siempre, estaba al borde del abismo. Un amigo me pasó el contacto de su editorial y allí me dijeron que era mejor abordarlo al principio del acto en el que leería algunos textos de "Bocas del tiempo". Así lo hice. Y tropecé con una mirada fría, bastante dolida, antes de que me contestara: "Tus compañeros hoy me dieron plantón en el hotel, así que no hablaré con vos. Espero que lo entiendas". Por supuesto, lo entendí, pero me cagué en aquellas personas que, teniendo la posibilidad de entrevistarlo, habían decidido no hacerlo. Igual estuvo amable porque, cuando le dije: "Pero si yo soy de Deportes, yo quiero hablar de fútbol", él me replicó: "uy, peor aún, de fútbol no podemos hablar cinco minutos, habría que estar dos horas". Después de su lectura, me acerqué a la caseta donde firmaba libros porque mi propósito, en aquel momento, era lograr su firma para un ejemplar de "Bocas del tiempo" por el cumpleaños de Selva (que era ese mismo día) para enviárselo después por correo y, de paso, que me autografiara mi "Libro de los abrazos". Conseguí ambas firmas y, aunque no me correspondía, le pedí disculpas por mis compañeros. Y después le estreché la mano y le dije: "En realidad, sólo quería decirte gracias por existir".
Afortunadamente, la memoria es frágil y, por su vida, pasará tanta gente que es imposible recordarla toda. De esta forma, la velada de hoy fue como si fuera la primera entre amb@s. Obvio que, para mí, es inolvidable aquella otra. Pero hoy me ha permitido cerrar un círculo de manera hermosa, tanto tanto que, hace un rato, cuando llegué a casa, me di cuenta de que se cumplían tres meses desde que dejé mi anterior ocupación en el turno de noche (y en los Deportes) y, una vez más, ratifiqué que el cambio era más que positivo...
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domingo, 13 de septiembre de 2009
"La antorcha", Torres García y el amor

En 2005 pisé por primera vez este bar. Yo no sabía el nombre del establecimiento ni el nombre de su dueño ni siquiera cómo llegar desde la parada de metro...
Aquella jornada había sido muy surrealista. Visité en los alrededores de Barcelona la Colonia Güell, una de las obras de Antoni Gaudí que aún desconocía, junto a dos amigas argentinas, Mimi y Paula. Y por la tarde me reuní con dos amigos catalanes, David e Iván, que provenían de mundos diferentes pero cuyas propuestas de quedada logré juntar por mor del fútbol. Esa noche había partido del Barça contra el Real Madrid y David quería mostrarme un pub de su pueblo, Santako (en los carteles dice Santa Coloma de Gramenet, pero para quien lo conoce se llama de la otra forma), en el que se ponía el himno del Barcelona cada vez que el equipo marcaba un gol. Y como Iván también era futbolero, no tenía inconveniente en apuntarse al plan, pese a que él vivía en Terrassa. La única 'descolgada' era Mimi, porque odiaba el fútbol, pero como estaba de paseo por España aquella posibilidad de vivir una jornada especial en un lugar especial le llamaba la atención (de hecho, después disfrutó como el que más grabando aquella locura). Cuando terminó el partido -por supuesto con victoria del Barça-, continuamos la juerga en un bar al que David quiso llevarnos porque, según dijo, era parte importante de la idiosincrasia de Santako...
Cuatro años más tarde, el sábado pasado, para ser más exacta, volví a este lugar. Gemma, la compañera de David (que aquella noche de 2005 no pudo venir por culpa de unos estudios que debía hacer para su trabajo), me comentaba, antes de llegar, que ell@s eran muy amig@s de los dueños y que uno de ellos estaba pasando por momentos delicados de salud. Cuando llegué a la puerta del bar "La Antorcha", reconocí el establecimiento, pero no quise romper la magia de las presentaciones. Saludé a Juan, el dueño, como si fuese la primera vez que lo veía con la misma efusividad que a Gabi, al que sí acababa de conocer. Ahora, que ya no resulta tan peculiar encontrarse con parejas homosexuales, parece más ejemplar si cabe descubrir que hombres como Juan y Gabi llevan formando una hace más de 30 años. Y más admirable aún es ver el amor que se desprende estando cerca de ellos o la gracia con la que Gabi habla de la rodilla maltrecha de Juan cuando es él quien lo está pasando francamente mal con su enfermedad.
Nada más conocerme, me demostraron un cariño inusual por el mero hecho de ser amiga de David y Gemma, tanto que un rato después de las presentaciones y cuando ya habíamos vuelto a casa, nos llamaron por teléfono para avisarme de que el desfile de gigantes y cabezudos -correspondiente a las fiestas de Santako- pasaba por su bar por si quería ir a verlo. Así que, 24 horas después de conocernos, cuando yo ya tenía que despedirme porque el fin de semana acababa y había que regresar a Madrid, les pedí sacarme esta foto con ellos, cumpliendo además la fantasía de colocarme al otro lado de la barra.
Lo más fuerte de todo este asunto es que, después de un buen rato de charla, me ofrecieron su casa en Terrassa para la próxima vez que viaje. En ese momento, no pude evitar emocionarme. Cuatro años antes, yo no conocía tanto la biografía de Torres García y, por tanto, no podía provocarme ningún interés que Iván viviese en aquel pueblo. Ahora, que aquel amigo -por simple dejadez- ya no forma parte de mi vida, sí, porque ahora sé que, una vez casado, JTG estableció su residencia en una casona llamada Mon Repós, en esa localidad barcelonesa. Los frescos con los que decoró esa vivienda ahora forman parte del patrimonio de Caixa Terrassa, que los compró en 1993. Y, en este último año, creció mi interés por visitar ese pueblo. Así que cuando Gabi me hizo aquella invitación se completó un extraño círculo. Cuatro años después...
Aquella noche surrealista de 2005, David e Iván representaban dos arquetipos bien diferentes de hombre atractivo y, en una charla con Paula entre cerveza y cerveza, le decía -como si aquello fuera una exposición o un catálogo- qué modelo elegía para mi futura búsqueda en otro escenario. Cuatro años después, tras vivencias varias en el cuerpo y en el alma, nada más pisar "La antorcha", recordé la conversación que habíamos mantenido entre aquellas cuatro paredes y me prometí tenerla siempre presente. Para no volver a caer ante "muñecos" (crédito de la expresión para Paula) o "personajes" y para fijar mi atención en esos hombres que tienen valores y actitudes interesantes, con los que una pueda nutrirse y no sentirse fagocitada...
(David y Gemma tendrán un espacio en este blog, en el que explicaré cuál fue el motivo de mi visita a Santako, pero hasta entonces debo agradecerles todo lo que compartieron conmigo y cuánto me enseñaron en esos dos días)
lunes, 31 de agosto de 2009
Alcalá de Henares y sus cigüeñas
"Que no me digan a mí
que el canto de la cigüeña
no es bueno para dormir.
Si la cigüeña canta
arriba en el campanario,
que no me digan a mí
que no es del cielo su canto".
(Rafael Alberti, "Nana de la cigüeña")

A unos 30 kilómetros de Madrid se encuentra Alcalá de Henares, ciudad famosa -entre muchas otras cosas- por haber parido al escritor Miguel de Cervantes. A mí me gusta visitarla porque, además de sus encantos arquitectónicos -que los tiene y muchos-, cuenta con una enorme población de cigüeñas que anidan todos los años en los numerosos campanarios del centro histórico.

Estas fotos están tomadas en la tarde del domingo, cuando el sol empezaba a caer y ellas mostraban su majestuoso vuelo sobre nuestras cabezas. Mi poca rapidez impidió retratarlas en plena acción, pero valga esta pequeña muestra del bello paisaje del cielo complutense (ése es el gentilicio de Alcalá por su antepasada romana, Complutum) con la silueta recortada de las cigüeñas.

miércoles, 19 de agosto de 2009
Sobre el efecto mariposa y más...
Ayer quedé con una amiga que atravesaba por un mal día. Después de cenar, paseamos tranquilamente por las calles de Madrid (levantadas por las obras y, a pesar de ser verano, plagadas de gente) y, en medio de muchas otras cosas, le expliqué el "efecto mariposa" aplicado a las relaciones humanas.
Estoy convencida de que una buena acción hecha en un momento particular se te devuelve de alguna manera, no digo inmediatamente ni siquiera de forma recíproca, pero regresa, como si fuera un 'boomerang' con la misma fuerza que pusimos en comportarnos bien.
Hoy he experimentado algo parecido en el trabajo. Me he dado cuenta de cómo una noticia hecha ayer, a partir de una entrevista telefónica, podía provocar una reacción positiva al otro lado del mundo. Mis compañeras decían que era el sueño cumplido para l@s periodistas: mejorar el mundo gracias a nuestro trabajo. Y sí, hoy me he sentido así.
Me ha servido para comprobar que en el mundo, a pesar de las tecnologías, las modernidades, los aislamientos, lo importante es lo más básico que tenemos: la palabra. Y que si la empleamos bien, sirve para buenos fines.
De la misma forma, a pesar de que 'facebook' sea un buen chivato, como yo aún no estoy en la red social, he tenido que enterarme de viva voz por otra persona de que un buen tipo (me parece la mejor definición para alguien a quien aprecio muchísimo a pesar de las distancias que los distintos tiempos nos imponen y que, además de buena persona, es gran escritor) cumple hoy 40 años. ¡¡¡Felicidades, amigo!!!
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