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domingo, 20 de enero de 2013

Maneras de extrañar (y de querer)

Esta noche tengo alma de tango. Y no es justo, lo sé. Una de mis mejores amigas emprende esta noche una linda aventura: se va a vivir a Buenos Aires. Me encanta saber que, más allá de la tecnología, el trabajo seguirá uniéndonos (cada una en un lado de la pantalla) y, sobre todo y por encima de la penita de hoy, que va a empezar una nueva vida. Con la falta que eso hace en estos momentos.

No tenía claro qué escribir ni siquiera pensaba hacerlo, pero ahora, al revisar comentarios e imágenes de facebook, he empezado a reirme al contemplar las diferentes maneras que tenemos los seres humanos para afrontar determinadas situaciones y, especialmente, determinados sentimientos.

¿Cuántas maneras hay de extrañar a alguien? Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que tantas como personas diferentes hay sobre la faz de la tierra. Pero me concentraré en tres ejemplos reales que bien valdrán como resumen de la vivencia de hoy. Una amiga, de esas que van de duras por la vida, alardeando y vociferando a la vida, limpiándose besos de las mejillas y escapando de los abrazos, decide confesar -a falta de una hora y media para el despegue del avión- que se le va una parte del alma. Otra, que también tiene una barrera impresionante para los asuntos trascendentales, aunque luego basta con rascar un poquito -si se la conoce, claro- para encontrar el tesoro oculto, no puede hablar por teléfono (una de las cosas que, por otra parte, más le gusta hacer) y se pone a cocinar. El tercer caso es el mío: tras saber que la viajera no quería despedidas de aeropuerto, los lagrimones han empezado a resbalar por las mejillas (en medio de mi jornada laboral) y, al llegar a casa, he tropezado en La 1 con "Las trece rosas", una maravillosa película para seguir llorando. La despedida (trágicamente triste, es decir nada que ver con lo de mi amiga) de esas jóvenes ha coincidido en hora con la salida de ese vuelo de Iberia y he dejado de llorar.

viernes, 4 de enero de 2013

Nueve años de Vida


El 3 de enero de 2004 entré por primera vez en aquella casa de Carabanchel. Lucía un sol espléndido, tanto como el de hoy. Yo iba refunfuñando. Me había gustado tanto la que había visto en el centro la tarde anterior que sabía que este cuarto piso sin ascensor en un barrio "periférico" no me atraería nada. Por supuesto, como tantas otras veces en la vida, me equivoqué. Tras hacer la correspondiente visita con la dueña, invité a la chica de la inmobiliaria a tomar una cerveza en un bar (que hoy ya ni existe): sabía que había encontrado "mi lugar".

Aunque su "cumpleaños oficial" es el 30 de enero (fecha en que pasó a ser de mi propiedad, bueno, mejor dicho del banco al que pago su hipoteca), hoy celebro estos nueve años de convivencia, nueve años cargados de Vida. Han sido much@s l@s amig@s que se han alojado entre sus paredes (tanto que ya ha sido bautizado por algun@s como el "Hostal Carabanchel"); muchos más los corchos de vino acumulados en tantos y tantos brindis; bastantes las fiestas, reuniones y/o encuentros gastronómicos celebrados; intensas las charlas mantenidas en todos sus rincones, empezando por la terraza y terminando en el dormitorio; anécdotas (algunas) que mejor olvidar; abrazos (infinitos) que mejor seguir atesorando; lindas las dedicatorias que pueblan las hojas de su libro de visitas...

"Ya se oyen las risas, los besos, las lágrimas, las caricias, las músicas, los sonidos de las copas y los cubiertos..." (9-4-2004). Con esta frase, mi mejor amigo -que parece conocerme bastante mejor que yo misma- adelantaba en una de aquellas primeras páginas lo que ocurriría en los tiempos siguientes, cuando yo ni podía imaginarlo.

Mi casita (que hoy es naranja, aunque cuando la conocí sus paredes eran blancas) crece al tiempo que yo lo hago. Su decoración (que ni siquiera está terminada después de tantos años) es tan variable como mi humor, pero si de algo estoy orgullosa es de que quien la pisa reconoce sentirse "como en casa". Y eso, de alguna manera, también habla de mí, de mi manera de ser, de mi forma de compartir mi vida, de mi relación con mi gente querida (o simplemente de paso).

Hace nueve años no imaginaba que hoy estaría escribiendo algo como esto, pues no tenía ordenador y mucho menos internet. Hace nueve años no soñaba con vivir tanta Vida.

sábado, 14 de julio de 2012

Verse desde afuera

(Sobrevolando Colombia. Septiembre 2010)

Hace pocas fechas, una Gran Amiga actualizó su blog con uno de sus lindos y enriquecedores textos y lo ilustró con una foto que yo había hecho años atrás (porque 2010 ya es tiempo pasado). La cuestión es que yo no recordaba aquella imagen, pero ella -no sé por qué motivo- la tenía bien archivada y supo usarla en el momento adecuado. Me hizo pensar en todas esas instantáneas guardadas y que no suelo mirar...

Aunque suele decirse que nadie se conoce como un@ mism@, la mayoría del tiempo necesitamos la visión de los demás para completar la imagen que arroja el espejo. A veces, ciertas palabras que pueden resultarnos malsonantes son el acicate justo para la acción. Nadie nos quiere tanto como quien nos dice la verdad (especialmente cuando esta duele), a diferencia de quien nos da la palmadita en la espalda o nos jalea por "amistad". Lamentablemente, en ocasiones, como dice otra Gran Amiga, tenemos la lente de la cámara tan sucia que la foto que obtenemos se tiñe con toda esa porquería propia.

En la misma medida en que ciertas personas nos recuerdan anécdotas, situaciones, imágenes de un pasado archivado (o simplemente atascado entre tanta cosa), es importante salirse, de vez en cuando, del interior propio y verse desde afuera...

miércoles, 6 de junio de 2012

Al mal tiempo, buena cara...


Hoy no ha sido un buen día. Pero, siguiendo los consejos de una Gran Amiga, optimista irredenta ella, le pongo al mal tiempo buena cara, porque no conviene regodearse en lo malo, porque no se gana nada anclándose al dolor, porque unas palabras dichas a tiempo borran cualquier nubarrón de silencio, porque a los "alien" solo hay que dejarles espacio en las pelis, porque ya vendrán tiempos mejores (o al menos cabe esperarlos).

Porque para salir así de linda en una foto se necesita que alguien te mire así de bien...

lunes, 19 de marzo de 2012

El último mate


Tenía la cabeza partida por la mitad. La noche anterior había estado repleta de emociones y alcohol (ambas cosas en grandes cantidades). Y era ya el último día. Se acababa todo ese periplo sentimental que me había tenido durante más de tres semanas en el sur del mundo. Y lo bueno de las borracheras compartidas es que las resacas también se pasan en grupo, así que nadie tuvo reparos en pedir refresco a la hora de almorzar (y rica pasta para empapar bien todo el líquido ingerido). Y volvimos a ese lugar tan lindo, el único que repetí en todo ese tiempo. Y, aunque amaneció lluvioso y nublado, poco a poco fue saliendo el sol, tanto que tuvimos que irnos adentro por no quemarnos. Y empezaron los adioses (porque algunas resacas también llevan eso implícito). Y la rambla, con todo su Amor, me ofreció este espectáculo para las últimas horas.

Hoy hace un mes que dejé Montevideo, que partí de Uruguay, que empecé el regreso a esta parte del mundo... En este mes transcurrido ha habido demasiadas visitas a hospitales, algunos reencuentros (más que) placenteros, hastíos y lágrimas, también muchas risas, generación de expectativas ante los cambios, respuestas a ciertos correos y continuación de la búsqueda. Incluso visitas he recibido. Mi (linda) gente de allá quedó físicamente lejos pero tan dentro que aún no he podido agradecer -como merece la ocasión- todo lo que recibí. Es lo que tienen ciertas intensidades. Y aunque ya he brindado con algún vinito traído del sur, todavía no he vuelto a tomar mate...

martes, 6 de marzo de 2012

"Hay que viajar, hay que moverse, hay que verlo todo"


Semejante frase la escribió (y leyó en Madrid) el pintor uruguayo-catalán Joaquín Torres-García en 1933. Y la suscribo completamente. Y la traigo hoy aquí porque acaba de irse de casa una pareja de amig@s (David y Gemma) llegad@s de Rupià (Girona), seis meses después de su anterior visita. Y porque compruebo que es el mismo tiempo que llevo sin actualizar este rinconcito naranja.

Y pienso en que en el último semestre viajé a Gijón y Avilés; Nueva York y Washington; San Salvador (incluidos los aeropuertos de Frankfurt, Miami y Houston); Buenos Aires y Montevideo (más Rocha). Y en que llegaron a mi vida dos seres cargados de Amor, Stevie y Bruji. Y en que cumplí sueños como ir a Iemanjá, las llamadas y los tablados de carnaval o pisar el estadio Centenario. Y en que asistí a la boda de una Gran Amiga, en la que, además, hice de DJ. Y en que pude hojear manuscritos de ese artista que admiro. Y en que mi familia ha vuelto a pisar hospitales sin querer. Y en que mi hermana por fin vio a Kevin Spacey en persona. Y en que Eduardo Galeano obró de guía en un museo para mí. Y en que, más allá de ciertas frustraciones profesionales, al final lo que cuenta es la gente con la que compartes ese camino...

Miro los últimos seis meses de mi vida y da tanto vértigo como contemplar la rambla montevideana desde un decimotercer piso...

jueves, 4 de agosto de 2011

Belleza y Amistad

"Si lo que vas a decir
no es más bello que el silencio,
no lo vayas a decir..."
(El Último de la Fila, "Cuando el mar te tenga")


A veces ocurre que no hay cosas sobre las que escribir o, simplemente, no hay palabras con las que definir las cosas que nos ocurren. Otros días, en cambio, se arremolina tanta cosa en el interior que cuesta encontrar el espacio para expresarse. Hoy, día en que una de mis mejores amigas cumple años en Madrid (y le dedico mi otro rinconcito naranja), dos grandes hombres que viven al otro lado del mundo también festejan su día y les hago este pequeño homenaje.


No sé con cuál de los dos hablé antes, aunque sé que los conocí más o menos por las mismas fechas, en el verano (boreal) de 1998. En aquella época, yo acababa de incorporarme a trabajar en el turno de noche y me tocaba editar las noticias que ellos (uno desde Santiago de Chile y el otro desde Río de Janeiro) enviaban. Por esos vericuetos raros de la vida, terminamos siendo muy buenos amigos. Todo ello sin conocernos más allá de algunas llamadas telefónicas y de las palabras que intercambiábamos en los servicios de cierre y/o preguntas aclaratorias sobre alguno de sus temas.


El primero al que puse cara fue Hernán (a la derecha en la foto). Fue en 2002, con motivo de la cobertura de los Juegos Sudamericanos, en Río. En esa ocasión, pude compartir este día con él y nos reímos mucho brindando por la vida y apagando un palillo (a modo de vela de la tarta). Frutillas, besos, risas, caipirinhas... Después coincidimos en los Sudamericanos de Buenos Aires 2006 y Panamericanos 2007 antes de que mis ganas de conocer mundo me llevasen a Colombia, su tierra natal, en 2010. Allí tuve la suerte de recorrer de su mano (como ya pasó en las calles cariocas) muchos lugares e, incluso, de conocer a parte de esa familia de la que tantas veces habíamos hablado antes. Y, ahora que Joe Arroyo (cuya música quedará para siempre en la banda sonora de nuestra vida) ha pasado a la eternidad, si tuviera que quedarme con un solo momento, con una sola anécdota, con un solo recuerdo de tanta cosa compartida (que ya es difícil), elegiría en cambio esos brindis noctámbulos en el "Double" (el bar bluesero del Mercadinho de Sao Jose).


A Nelson lo vi por primera vez en foto, después de que Hernán coincidiese con él en una cobertura chilena y me enviase imágenes del equipo. Después le abracé por primera vez en una habitación de hotel en Buenos Aires. Yo había quedado para almorzar con un amigo, pero cuando supe que el Sando ya había llegado al que sería nuestro alojamiento común durante diez días no pude evitar subir un momento para saludarlo y emplazarlo para un encuentro posterior. Una vez concluida la cobertura, tuve la suerte de viajar con él a su Chile natal y convivir (aunque por poquito tiempo) con él y toda su linda familia. Sin duda, me quedo con esa jornada que vivimos rumbo a Isla Negra, donde no solo disfrutamos de la que fuera casa de Pablo Neruda (de hecho, allí está enterrado), sino de alguna que otra peripecia del Destino, que nos regaló la música más apropiada para el día más apropiado. Ese pisco de aperitivo y ese caldillo de congrio (al que cantó el poeta) quedarán en mi memoria por mucho tiempo, al igual que sus constantes cantos mientras manejaba el auto.


Hoy ya no trabajo en Deportes, como cuando llegué hace trece años, y no estamos tan diariamente conectados como entonces, pero tengo la suerte de disfrutar (en la valija donde guardo a mis amigos) de dos maravillosos hombres con quienes he disfrutado cosas hermosas en lo personal y con quienes he aprendido mucho en lo profesional. Sé que ellos dos no están tan unidos como cuando saqué esta foto, pero me gusta recordarlos así, juntos, bromeando y sonriendo.


La vida tiene cosas alucinantes, como que los dos cumplan años el mismo día, y aunque no puedo compartir con ellos este brindis, mis besos energéticos van hoy para Chile y Colombia. Uno de ellos sé que los empleará como parte de ese ejército luchador contra el mal que le aqueja; el otro sé que los cargará en su mochila anímica antes de lanzarse a escuchar por enésima vez "En Barranquilla me quedo".


¡¡¡Felicidades para los dos!!! Ya sabéis que os quiero...


viernes, 13 de agosto de 2010

Liviandad

La última vez que aparecí por aquí hablaba sobre la amistad, sobre la importancia de ESAS personas que convierten nuestra vida en maravillosa por sus detalles, por sus invisibles gestos, por sus mínimos movimientos que, como aleteos de mariposa, transforman cuanto hay alrededor. Sin darse cuenta...

Ayer, mientras me dirigía al metro para ir a trabajar, me di cuenta de que pesaba mucho menos, de que caminaba ligera como una pluma, de que me sentía liviana. Quienes me conocéis, sabéis que esto suena a chiste, ya que mi físico es todo menos flaco, así que tuve que buscar los motivos en mi alma... y en un par de locas que tengo por amigas. No suelo reclamar ayuda, soy de esas personas que se considera autosuficiente y que, antes de pedir un favor, se lo piensa mucho. No es ni bueno ni malo, sólo mi realidad. Por eso, en medio del aprendizaje de mis últimos tiempos, ser capaz de enviar un mensaje matutino expresando un cierto malestar (irracional, ilógico e inexplicable, por otra parte, pues estaba relacionado con prodigios de la vida) fue todo un avance. Lo que jamás pude imaginar es que ese par de locas que tengo por amigas decidiera saltarse cualquier tipo de norma social, de responsabilidad u obligación para presentarse en mi casa a hacer de wonderbra.

Acostumbrada a sostener a otras personas, a ser un centro energético, a regalar mi tiempo por amor/amistad, a convertirme en mí misma a partir de l@s demás, a ser a partir de mi relación con l@s otr@s, sentí que mis hombros se descargaban definitivamente, que el camino es más fácil cuando se comparte el equipaje y que, por eso, más que andar por la calle, lo que estaba haciendo era volar cerquita de las nubes. La espontaneidad de ese gesto (MARAVILLOSO GESTO) me dio la liviandad con la que ahora ando por la vida. Y la certeza de que no está tan mal pensar a veces en una misma...

martes, 20 de julio de 2010

Sobre la amistad


Ninny Threadgoode: Tú me has hecho pensar en lo más importante que puede darnos la vida. ¿Sabes qué es… lo que creo que es?
Evelyn Couch: No.
Ninny: Amigos, buenos amigos.


He estado unos cuantos días desaparecida, hasta el punto de que este rinconcito seguía siendo de color celeste y no de su habitual naranja. En esas jornadas he redecorado algunos espacios de mi casa, he descansado mucho y me he dedicado tiempos de soledad, momentos de estar conmigo misma, de reflexionar, de pensar o, simplemente, de encontrarme bien. Lo necesitaba. Quienes me conocéis, sabéis que soy una persona entregada a sus seres queridos y eso descarga las pilas, por muy energética que una sea...

También he visto unas cuantas películas, algunas por primera vez, otras por enésima. Entre éstas últimas, "Tomates verdes fritos", que, además de conmoverme, me regaló esa maravillosa escena entre Jessica Tandy y Kathy Bates, en la que la primera descubre a la segunda la importancia de la amistad.

Hoy, que se celebra el Día del Amigo en algunos rincones del mundo, me sumo a la reivindicación de esos seres que nos quieren, independientemente de nuestros estados de ánimo, de humor o de carácter; que siempre tienen la palabra exacta, incluso cuando no queremos escuchar lo que nos están diciendo; que respetan nuestras decisiones, aunque sepan que nos vamos a estrellar; que nos abrazan espontáneamente; que se presentan con un detalle cualquiera "porque sí"; que escuchan cuanto decimos, aunque ya conozcan previamente esa historia o callen algo importante que les ocurre; que comparten los mejores y, especialmente, los peores momentos. Compañeros de copas hay muchos; amigos no tantos. Disfrutemos de su presencia y hagámosles saber cuánto los queremos...

jueves, 24 de junio de 2010

Nublada estoy


Como si fuera una película de dibujos animados, tengo dos días con la nube encima de la cabeza, descargando lluvia a lo bestia. Da igual lo que haga, ella me persigue, viene conmigo a todas partes e incluso creo que se mete en mis sueños...

Tengo la suerte de trabajar en aquello para lo que me preparé y, como dijo un gran amigo mío, puedo presumir de haber ido eligiendo el camino -cosa que no mucha gente puede decir-. No sólo soy periodista, sino que, además, ejerzo mi labor en uno de los medios de comunicación más importante del país. Durante mis años en el departamento de Deportes, tuve la suerte de viajar a Latinoamérica, de aprender mucho y de vivir lindas (otras menos) experiencias. Con alguna de las personas que me crucé en esas coberturas, comenté en alguna ocasión que, sin duda, lo mejor que me había dado la "casa" era el hecho de conocer a gente muy especial.

Desde ayer, me repito y se lo repito a l@s compañer@s más cercan@s: sigamos acercándonos a las personas y alejémonos de la inhumanidad de la corporación.

Entre ayer y hoy 21 emplead@s de Efe se fueron a la calle. Faltan tres más que, por estar de vacaciones o de descanso aún no se enteraron de la trágica noticia, para completar la fatídica lista de l@s 24 (y otr@s cinco que ya están negociando su marcha anticipada, una especie de prejubilación). Ningún despido es bueno, pero lo es menos aún cuando las formas son inhumanas, desproporcionadas, crueles. Y eso ha ocurrido en todos estos casos. Una etiqueta, una marca, un nombre que siempre (o al menos en un glorioso pasado) tuvo un enorme prestigio se arrastra por el fango.

Esta noche es la de San Juan, ésa en la que, según la tradición, se encienden hogueras y se salta sobre ellas. Además, la gente echa al fuego purificador todas esas cosas malas del año para sanar y seguir adelante. Ojalá fuera todo tan fácil como lanzar a las llamas la tristeza, las caras largas, las lágrimas, los cabreos, la indignación, la impotencia, la tensión, la desesperanza, todos esos sentimientos que nos invaden desde ayer, que impiden escuchar risas por los pasillos, por las mesas, que hacen que las conversaciones sean del tipo "¿sabemos algún nombre más?" o "¿lo has visto?" o "¿cuánto tiempo llevaba aquí?" o "se ha despachado a gusto con los de Personal", etcétera, etcétera, etcétera...

La nube ésta no quiere largarse. Y creo que tardará unos cuantos días en irse. ¡¡¡Qué putada en pleno verano!!!

viernes, 11 de junio de 2010

La vida es pura exposición


"¿No se escribe para eso, para compartir con otros seres humanos?"
(Ernesto Calabuig, "Expuestos")

Hace tiempo alguien me dijo que, habida cuenta de mis participaciones en distintos espacios virtuales, yo tenía una necesidad excesiva de comunicación. No lo niego y, además, no me parece negativo. Yo soy yo, pero también lo soy a partir de mi relación con los otros. De hecho, el lunes pasado, reconocía ante un amigo en Frankfurt que una de las cosas que tengo clara en la vida es que me gusta (más bien preciso) estar en contacto con la gente y que, a pesar de disfrutar de mis espacios de soledad, jamás podría ser una eremita.

De comunicarse, de relacionarse, de vincularse con otros seres humanos habla la novela "Expuestos", de Ernesto Calabuig, su primer largo después de ese impecable libro de relatos titulado "Un mortal sin pirueta", en el que vuelve a deleitarnos con su forma de tratar el paso del tiempo y con su mirada sobre las figuras de verdad. Tres personajes (Jaume Climent, Anne Zieske y Rüdiger Beck) y otras tres ciudades, una de ellas en un relativo horizonte (Madrid, Frankfurt y Berlín), para situar una bella historia, en la que el autor pasea por el amor, la literatura, la filosofía, el viaje, el no retorno, en definitiva la VIDA como ese escaparate donde cada uno de nosotros estamos, como reza el título, expuestos.

Aunque es el miembro de la familia con quien menos relación tengo (su hermano es mi MEJOR AMIGO -uso las mayúsculas, porque hay palabras que quedan cortas para nombrar a ciertas personas- y con su madre y su hermana he compartido grandes momentos catárticos), puedo afirmar que Ernesto es un amigo. Y, por eso, hoy le dedico este homenaje. Porque aunque estaba previsto que yo comprase la novela este sábado, en la Feria del Libro de Madrid, aprovechando su firma de ejemplares, ésta se me apareció casualmente la semana pasada, un día antes de mi viaje a Alemania.

"A veces parece que todo sea oportuno, que cuadra o encaja, que se encuentra a mano para reforzar lo que uno quiere expresar", le dice Rüdiger a Jaume en una escena. Ese tipo de coincidencias que permiten hallar esta novela cuando no la buscaba, de la misma forma que, en 1994, encontré en una estantería de la madrileña Casa del Libro "Berlin Alexanderplatz", la obra de Alfred Döblin que tanto me impactó en ese momento y que ahora es referencia constante en el libro de Ernesto.

O que parte de la novela transcurra en Frankfurt y que Jaume se convierta, involuntariamente, en guía turístico (cuando, de hecho, en un momento pretende huir de alguien así) al hablarme del centro histórico de la ciudad, del apfelwein (especie de sidra) que suele beberse en las tabernas, de la kartoffelsalat (ensalada de patata) que comerá, del recurrente juego de palabras al hablar de Mainhattan (por el nombre del río que cruza la ciudad y el skyline ofrecido por sus muchos rascacielos), de la gente disfrutando del buen tiempo a ambas orillas del Main, de la cerveza Binding que le ofrecen durante una charla con Rüdiger...

También porque, leyendo esta novela, me he recordado en el "Molly Malone" de Malasaña y me he visto en Roma arrancando un trozo del mantel de "La Montecarlo" y he tenido consciencia -una vez más- de personas pasadas devenidas ya en personajes y me he embarcado en debates sobre la creación literaria. O porque, a lo largo de sus páginas, me he sentido como al escuchar las canciones de Luis Eduardo Aute -muchas de ellas repletas de referencias culturales-, con la necesidad de investigar y aprender mucho más sobre cuanto me rodea.

Con la inseguridad del escritor novel, Jaume llega a decir: "Qué difícil, pues (...) asumir la convicción de que haga falta 'contar', o mejor: la convicción de haga falta que 'yo' cuente". Afortunadamente, Ernesto asumió esa convicción y nos regaló estas 164 páginas cargadas de contenido real y no de vacuidades; de verdades y no de palabras-unidas-para-rellenar-espacio-porque-tenemos-que-vender-libros.

(Ernesto Calabuig firmará ejemplares de su novela en la Feria del Libro de Madrid, caseta 303, Menoscuarto Ediciones, el sábado 12 de junio, de 12 a 14 horas)

martes, 23 de marzo de 2010

Llamando a los ángeles

Mi hermana me regaló hace unos cuantos meses un llamador de ángeles, uno de esos colgantes que, a modo de talismán, protegen, cuidan, acompañan. Por diferentes razones no lo había estrenado para salir a la calle (en realidad, sólo me lo puse en nochevieja en la cena que hicimos en casa). No sé por qué motivo, esta mañana fui al joyero y decidí acompañar mi atuendo con el llamador. Me dije: "es hoy".

Desde primera hora de la mañana sabía que era un día raro. No sé por qué. Mi hermana y yo decimos que somos brujas y supongo que algo de eso ahí. No brujas malas, sólo percibimos ciertas cosas (quizá ella más que yo), pero nos pasa. Siempre nos pasa.

Esta mañana estaba planchando en la cocina con la ventana abierta, mirando los tejados de Carabanchel (mi barrio), mientras escuchaba una preciosa entrevista sobre fútbol que le han hecho a Eduardo Galeano en una emisora española. De repente empezaron a rodarme lágrimas por la cara. No había un motivo especial. No es porque sea uruguayo o porque sea uno de mis escritores favoritos o porque hace unos cuantos meses tuviera la suerte de conocerlo. Era una sensación extraña. Como cuando estás en un concierto y, sin una razón lógica, empiezas a llorar por una canción. Así me ocurrió. Y no entendía nada. Pensé que la astenia primaveral estaba empezando a hacerse presente...

Cuando llegué a trabajar, recibí una llamada desde Montevideo. Era una querida amiga para darme una triste noticia acerca de otra querida amiga: un ángel con forma de abuela había cambiado tierra por cielo...

lunes, 22 de marzo de 2010

¡¡¡Felices 50, Gato!!!

Hoy cumple medio siglo un querido amigo y le dedico este homenaje:

sábado, 6 de marzo de 2010

Road movie

Hace justo un mes que no escribía algo en este espacio. Otro sábado. Parece que todo sigue igual, pero en realidad han pasado muchas cosas, positivas la mayoría (¿debería decir todas?), entre ellas añadí otra vela a la tarta de mi vida y lo celebré como corresponde, con mucha gente muy querida y alguna que otra sorpresa. Hoy no estoy muy creativa, pero no quería dejar de pasar por aquí y dejar un regalito para quienes leéis esto, un vídeo de Kevin Johansen, al cual escucho en estos momentos. Recordad que la vida al final no es más que eso: una "road movie".

viernes, 25 de diciembre de 2009

¡¡¡Feliz todo!!!

Hace ya unos cuantos años que, por diferentes motivos, perdí esa maravillosa tradición de felicitar las fiestas en tarjetas manuscritas. Elegía frases significativas, letras de canciones o poemas especiales para cada una de las personas a las que escribía, a lo que después añadía los deseos convertidos en palabras más personales.

Mi costumbre de viajar al sur del sur en fechas cercanas a las navidades ha provocado cosas como ésa, la falta de tiempo para dedicarme un poquito más a mi gente querida: el eterno debate entre lo urgente y lo importante. Menos mal que internet me ofrece métodos más inmediatos (aunque ciertamente menos gratificantes que abrir el buzón y encontrarse un sobre pintado de colores) para cubrir el hueco dejado por los apremios.

Dicho todo esto y, sin más preámbulos, espero que quienes paséis por este rincón os sintáis -en ese preciso instante- abrazados por mí, con una sonrisa dibujada -como ésa de la foto- y personalizada para cada un@ y, por supuesto, que todas mis energías -no elegí el naranja por nada- os acompañen no sólo en estas fiestas sino durante todo el año que se nos viene...

¡¡¡Amor y utopía para tod@s!!!

jueves, 24 de diciembre de 2009

La ley de la atracción

(Sigo sin fotolog, así que voy actualizando por este medio)


En el patio de una casa tradicional del barrio porteño de San Telmo (posteriormente convertida en conventillo para alojar a l@s inmigrantes que llegaban, sobre todo, de España e Italia y, en la actualidad, lugar de paso para l@s turistas que curiosean en sus tiendas de antigüedades), hallé estas cajas de madera repletas de libros, por supuesto, usados. Me llamó la atención por la inscripción MAC KIWI. Me hizo recordar a mis amig@s David y Gemma, l@s Santakos...

David y Gemma empezaron una impresionante aventura hace algo más de dos años. Se fueron a estudiar inglés, pero no a un lugar cualquiera, sino a Nueva Zelanda, así que desde ese momento quedaron apodados como los 'kiwis'. Su periplo, que combinó trabajo y placer, les llevó por Australia, Tailandia, Inglaterra, Canadá y varios lugares de España antes de regresar a Santa Coloma (Santako, para quienes hemos tenido la suerte de conocer ese lugar).

Durante ese tiempo, no siempre disfrutaron de las máximas comodidades ni de las mejores condiciones de vida, aunque sí fueron las que ell@s eligieron y en los lugares que quisieron y, por encima de todo, conocieron a mucha gente interesante. El camino fue, una vez más, la manera de aprender y no el medio para llegar a una meta.

En esos dos años que duró su viaje, mantuvieron el blog que enlacé arriba, en el que amig@s y familiares íbamos siguiendo, no sin cierta envidia, ese periplo, hasta el punto de que se creó una comunidad paralela entre quienes dejábamos comentarios, pues, sin conocernos, nos mensajeábamos entre nosotr@s. En septiembre pasado, coordinaron la "blog party" en Santako y allí pudimos ponernos nombres y caras (con muy gratas sorpresas) esos seres virtuales que pasábamos por la página kiwi.

Ya en ese momento David y Gemma habían regresado a su casa pero, como habíamos comentado en alguna ocasión en el propio blog o chateando por skype (qué gran invento cuando la gente está tan lejos), una persona que opta por cambiar de una forma tan radical su vida no puede volver al mismo punto de partida, ni por convicción ni por las cosas experimentadas durante esos dos años...

Hoy he hablado con David, y no para felicitarle las navidades, sino para darle la enhorabuena por el nuevo puesto que acaba de conseguir. Después de muchos años cubriendo información deportiva en medio de la vorágine de una gran ciudad (Barcelona), ha logrado una plaza en la misma empresa en Girona, ciudad de melancólica hermosura, y vivirá en Rupià, un pueblecito medieval con sólo 193 habitantes. Es cierto que si alguien desea con todas sus ganas algo, lo consigue. La ley de la atracción funciona, claro que sí...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Sonrisas infantiles

(Mientras fotolog siga dando errores, traslado aquí mis comentarios diarios del otro rinconcito naranja)

El pasado 3 de diciembre hice mi segunda visita a Colonia (sin contar las innumerables veces que esa ciudad ha sido escala rumbo a Montevideo o a Buenos Aires). Mi amiga Daniela y yo nos dirigíamos hacia la ciudad vieja, su rincón más pintoresco, cuando tropezamos en una céntrica plaza con un grupo de niñ@s, acompañado por las maestras. Debía de tratarse del último día de clase y estaban tod@s festejando, almorzando y divirtiéndose. Las profesoras iban inmortalizando con sus cámaras aquellas caritas. Y yo sentí mucha envidia. Quería retratar todas aquellas escenas. Pero el pudor que siempre me asalta con l@s niñ@s (salvo cuando son hij@s de gente querida) no me dejó...

L@s niñ@s, que son mucho más sabi@s que nosotr@s, parecieron darse cuenta de algo. O simplemente me vieron pinta de extranjera. Empezaron a pedirme, a los gritos, que les sacara una foto. Y se fue corriendo la voz: primero un grupo, luego otro... Retratos de niños y niñas sonrientes, disfrutando de esa jornada al aire libre, y sintiéndose importantes sólo por posar y, después, mirarse en la pantalla digital. Se reían de los gestos que ponían otr@s compañerit@s y me miraban llenos de alegría al ver las caritas propias retratadas.

Me emocioné pensando que much@s niñ@s que conozco nacieron pegados a una cámara de fotos y están más que acostumbrados a mirarse reflejados en la pantalla digital. Para est@s chic@s de Colonia, esa petición que me hicieron no era habitual, sino que formaba parte de su jornada festiva. O, al menos, así lo sentí...

Anoche, fui al aeropuerto de Madrid-Barajas a despedir a mi amiga Yvonne, compañera de Efe que, después de un año viviendo en España, regresa a su Perú natal. Su sobrina Lorena logró, a sus 7 años, sacarme las lágrimas que no había sido capaz de soltar desde que volví de vacaciones. Cuando estábamos despidiéndonos, esa niña, que no me había dado mucha bola al principio de la tarde y que, sólo un rato después, me mostraba ufana sus 'inventos' con el carro de las maletas, me dijo: "Mi tía me hablaba mucho de ti; yo ya te conocía porque ella dice que te gusta mucho América".

Es increíblemente hermoso comprobar cómo las sonrisas infantiles son capaces de arrancarnos las lágrimas más emocionantes del mundo...

domingo, 20 de diciembre de 2009

Encuentro bloguero en "El Vasquito"

Como dijo El Santi y después ratificó La Flaca por correo, la quedada del pasado 1 de diciembre en "El Vasquito" fue, en realidad, un reencuentro entre amig@s que hacía tiempo no se veían. Vinieron Fiore y Bea y Raúl (aunque éste no salga en la foto, pues se había ido un rato antes); llamaron Cass y Lu para explicar su ausencia; se nos perdió Miss Marple por el camino; y a Iván se le complicó la noche por cuestiones profesionales...

Muchas veces menospreciamos las relaciones virtuales, calificándolas de vacías o de frías o de 'no reales del todo'. Pero si este blog me ha traído cosas, una de ellas ha sido encontrar personas de verdad, con nombres y apellidos, con cara y voz, con anécdotas, con abrazos, con brindis de por medio y, por supuesto, con mucho cariño a pesar del desconocimiento previo. Pero, retomando lo que mencionaba al principio, ¿se puede hablar de desconocimiento?

Gracias a quienes acudisteis (no quiero menospreciar a nadie, pero especialmente a Santi y Bea por la complicada situación por la que pasan) por tanta cosa charlada, por tanto amor recibido, por tanta sencillez (que no simpleza) en el encuentro, por las 'patricias' (unas cuantas) y la picadita regaladas, por la demostración de que, más allá de seres virtuales, somos personas de carne y hueso con ganas de comunicarnos con l@s demás.

(Distorsiono la foto porque, a falta de confirmación con l@s presentes, no sé si algun@ prefería el anonimato, así que, siguiendo el proceso que hice el año pasado con 'la barra gatuna', elijo un filtro sobre la imagen original)

viernes, 30 de octubre de 2009

De sonrisas y utopías

Habíamos quedado en la plaza de Ópera para tomarnos un café, ese eufemismo que significaba que estaríamos toda la tarde hablando de millones de cosas. El otoño de Madrid nos estaba regalando temperaturas veraniegas, así que decidimos sentarnos en una terraza de las muchas que pueblan la plaza de Oriente.
- Mejor en la callecita ésa, que hay menos gente.
- Sí, perfecto, con tal de que nos dé el sol...
Así que nos encaminamos a una de las calles, la de Felipe V, que salen de la plaza. Y nos sentamos mirando ambas al imponente Palacio Real. El camarero tardó dos segundos en acercarse para tomarnos nota: café solo con hielo para una y agua mineral con gas para la otra. Poco después ya estábamos nosotras entregadas a la charla con nuestros pedidos sobre la mesa...




Pasado un buen tiempo, vi acercarse al camarero. No era la primera vez que en esa zona te piden que les abones la cuenta porque hay cambio de turno y deben dejar la caja hecha para el siguiente, así que no me sorprendió. Lo extraño fue que, en lugar de escuchar esas palabras, oí las siguientes:
- Perdone, pero ¿usted no tiene un fotolog?
Mis ojos se abrieron de par en par...
- Sí, sí.
- Que es un espacio naranja, ¿verdad?
- Sí, claro, "El Rincón de Amelie".
- Eso, eso. Es que antes lo leía todos los días. Ahora ya hace meses que no, pero antes leía todo: sus viajes a Montevideo, el paisito, que estuvo también en Cuba...
- ¿Y por qué ya no lo ves más?
- Han cambiado mis circunstancias personales y ya dejé de entrar.
- Pero ¿lo conocías por algún amigo mío? ¿Tenemos algún amigo en común?
- Bueno, es una historia muy larga. Yo llegué a través de la página de alguien que venía de la página de alguien que venía de la página de alguien...
- Uf, pero qué emoción...
- Sí, sí, así leía "El País" todos los días, veía también su fotolog.
- Estoy acostumbrada a que entren mis amigos y sólo me deja comentarios la gente más cercana, pero una nunca es consciente de que puede entrar gente anónima y seguir las historias que aparecen ahí. Gracias por contarme todo esto.
- Llevaba un rato mirando, la he reconocido por la sonrisa. Después de tanto leer el fotolog, yo pensaba: ¿y si la encuentro algún día por ahí?
- Pues mira, al final nos hemos encontrado. Me ha encantado conocerte y, nada, si algún día te animas, vuelve al rincón naranja, porque sigue igual de cálido y acogedor...
Mi amiga y yo abandonamos esa zona y nos fuimos hacia el Barrio de las Letras, sorprendidas por la magia de la vida y de los encuentros.
Apenas 24 horas antes yo había estado hablando por teléfono con El Gato, una conversación pendiente desde que viajó a Montevideo y más después de los resultados del domingo. Él me había explicado alguna experiencia semejante a ésta, que a él le había saludado gente que lo había reconocido gracias a su blog. Y me hizo mucha gracia pensar que la anécdota del camarero y la terraza había sucedido el mismo día (28 de octubre) en que Iván y yo le dejamos nuestro primer comentario en su espacio. Y también me hizo recordar aquella dedicatoria que Gabriel me dejó en un libro sobre mi sonrisa y la Utopía. Mientras sigamos existiendo un@s cuant@s así por el mundo, todo es posible...
(La conversación con el camarero está reproducida más o menos fielmente; me he permitido la licencia de unirla -en realidad fue en dos tramos- y de omitir todos sus datos personales)

lunes, 5 de octubre de 2009

Chau negra

Acababa de llegar a casa de Paula desde lo de Selva y Rodolfo. Ella finalmente no pudo venir al asado porque su papá había empeorado. Era 10 de diciembre de 2007 y Buenos Aires, en concreto Plaza de Mayo y sus alrededores, era un hervidero de gente. Ese día asumía la nueva presidenta y la gente festejaba en la calle o simplemente disfrutaba de las actuaciones musicales. Nosotras estábamos bastante lejos del punto neurálgico de la celebración, así que seguimos el resumen nocturno por televisión, al tiempo que nos poníamos al día sobre nuestras respectivas jornadas. Y cuando vimos salir a "La Negra", nos dimos cuenta de que teníamos que haber estado ahí...

Nunca vi actuar a Mercedes Sosa y ese día estuve muy cerca de poder hacerlo. Años atrás, cuando actuó en Madrid, en el patio central de Conde Duque, uno de mis lugares favoritos -donde ya no hay más conciertos-, yo no la conocía tanto y Selva y Rodolfo, que vivían en España en aquel momento, fueron con Nieves y José, grandes admiradores de su voz profunda y cálida. Pero en los últimos tiempos, especialmente después de mi solitario viaje por tierras del norte argentino, me pegó bastante fuerte su manera de interpretar. A pesar de que Violeta Parra es la creadora, poca gente puede disociar "Gracias a la vida" de la Sosa, por ejemplo.

Hoy se detuvo su corazón. Pero sus canciones seguirán sonando...