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martes, 11 de noviembre de 2008

Escribir como respirar

El otro día, mi amigo Juampe contó en su blog algo sobre los criterios para convertirse en un escritor no sé si de renombre pero sí de ventas masivas. Él, que ya ha publicado varias novelas (sí, sí, yo voy presumiendo de tod@s mis amig@s que publican o cantan o dirigen revistas o simplemente disfrutan de la VIDA), se quejaba amargamente de que el hecho de no cumplir con esas normas básicas que rigen el mercado implican quedarse al margen.
Eso me hizo reflexionar (y así le respondí en ese mismo espacio) sobre el motor de la escritura. Creo que, más allá del puntito de ego que tod@s podamos tener, escribir es algo tan necesario como respirar. Aunque no me creo en posesión de la verdad absoluta, así que trataré de ceñirme a mi experiencia personal. PARA MÍ ESCRIBIR ES TAN NECESARIO COMO RESPIRAR. Dondequiera que vaya, me acompaña un cuaderno o simplemente una hoja para garabatear líneas, con o sin sentido, formando o no una historia, inventada o autobiográfica, en las que vuelco mi alma. Hasta donde llegan mis recuerdos, siempre escribí (e incluso donde no llega mi cabeza, la desmemoria de la primera infancia, quedan los testimonios gráficos de libros pintarrajeados o puertas de armarios en donde fui dejando huella con lápiz).
En los viajes, el diario se convierte en un fiel compañero y aliado contra las soledades. Incluso si viajo acompañada, trato de sacar algún mínimo tiempo para reflejar cuanto veo y siento (en estas dos fotos recientes, camino a Tigre-Argentina la primera y a Valizas-Uruguay la segunda, puede comprobarse).

Tengo la suerte de que mi trabajo tiene que ver con la escritura, aunque no sea tan creativo como me gustaría. Por ese motivo, busco otras vías de escape como este blog y, por supuesto, el taller literario al que acudo todas las semanas. En ese pequeño rinconcito de los jueves soy feliz. Y reconozco que este curso me lo estoy tomando bastante en serio y hago las tareas semanales (en lugar de ser la alumna díscola que siempre fui). Y aunque siempre escribo por pura inspiración, confieso que, al menos, le estoy dedicando los tiempitos que otra vez no hice. Quizá sea verdad eso de que las musas (o musos) deben encontrarte trabajando para completar el proceso...

martes, 12 de agosto de 2008

Las lágrimas de San Lorenzo

Hace un par de años, estaba inmersa en una bella aventura literario-periodística alrededor del club argentino de fútbol San Lorenzo de Almagro. Aquella publicación, al menos hasta donde yo sé, jamás vio la luz, pero a mí me sirvió para llevar a cabo una preciosa tarea de investigación, de recopilación de datos, de consecución de documentos históricos, de carga importante de pilas (a veces algo tan necesario cuando estamos inmers@s en la rutina del día a día).

Anoche, en Madrid, pude asistir a esa lluvia de estrellas que todos los veranos (en esta parte del mundo) nos inunda y que suele conocerse por "las lágrimas de San Lorenzo" por coincidir, día más día menos, con la festividad de ese santo al que quemaron en una parrilla. En medio de la cotidianidad, otra compañera y yo nos escapamos y pudimos ver, con la complicidad de otro compañero en un lugar que no puedo mencionar (para que, especialmente, él no se meta en líos), unas cuantas estrellas fugaces. Yo sólo vi tres, y digo sólo, porque ell@s consiguieron ver alguna más. No pedí ningún deseo (más allá de los habituales), pero les conté que en Valizas (Uruguay) es habitual verlas cada noche, ya que no hay luz eléctrica alrededor que perturbe ese espectáculo de la bóveda celeste y basta con asomarse al exterior del rancho para dejarse envolver por la oscuridad y la permanente lluvia estelar.

Ya no lloro más por aquel San Lorenzo perdido. En cambio soy capaz de emocionarme ante la belleza más pura...