domingo, 24 de marzo de 2013

No time no space

A veces el tiempo se detiene. Y parece infinito. Internamente sabes que todo acaba, que pasará una hora (o mil) y estallará la pompa de jabón multicolor. Pero no lo sientes así. Lo que deseas es que el corazón pueda ensancharse, que sus paredes sean tan flexibles como el globo de un chicle, porque sientes -de verdad lo sientes- que puede llegar a romperse ante tamaña exhibición de Belleza. Intentas respirar e, incluso, en algún momento de heroicidad lo consigues. Y miras a tu alrededor. Y esas luces deslumbrantes no hacen sino resaltar lo que ya tenías más que visto, solo que ahora con matices asombrosos. Y temes que la caída del telón suponga también que el sueño se esfume. Pero, como bien dirías después, la primavera recién estaba deshaciendo su maleta al llegar a casa. Por eso las calles empedradas nos abrazan y los efluvios báquicos nos encantan. Por eso, todavía hoy, en un tiempo detenido bastante tiempo después, seguimos suspendidos en un ay.

sábado, 9 de marzo de 2013

La pataleta o cómo enmascarar la tristeza

Hugo no me regalaba demasiadas sonrisas. No me quedaba muy claro si se debía a que mi acento extranjero le sonaba raro, a que mi tamaño era demasiado grande respecto a él o, simplemente, a que yo le caía mal. No obstante, esta última opción no me parecía muy probable, puesto que tampoco se escondía de mí y posaba en cuanto le mostraba mi cámara. Sus inmensos ojos oscuros y su expresivo rostro, heredado cual fotocopia de su mamá, me cautivaban desde el otro lado del objetivo.

Aquella mañana yo dejaba Matanzas, el lindo pueblito cubano donde me había alojado durante unos 10 días, y antes de encaminarme hacia La Habana, desde donde despegaba mi avión, pasé por casa de Libis para despedirme de ella y de su acogedora familia. Hugo no quiso darme un beso. De hecho, apenas le vi la cara. No quiso salir de debajo de las sábanas mientras el resto de familiares trataba de convencerle diciéndole que tardaría mucho tiempo en volver. Pero él siguió peleando con quien intentase sacarle de su escondite. Hugo, a sus tres años, simplemente estaba triste...

martes, 22 de enero de 2013

Piezas de mi colección privada

El museo del Prado estaba hoy lleno de peques. Había varias excursiones organizadas por colegios, con sus pacientes profesoras al frente (y en medio y al final, para que nadie se dispersase) de las hileras uniformadas de niños y niñas que anudaban sus manitas para no extraviarse. E iban cruzándose por mi camino todo el tiempo. Y yo observaba sus caritas ojerosas, cansadas, traviesas, divertidas, al tiempo que me sumergía en el siglo XVII español a través de su pintura. Y trataba de adivinar si aquellos chavalines podrían paladear (como yo) el aire encerrado en "Las Meninas" o simplemente se fijarían en el perro tirado a los pies de la infanta Margarita y se identificarían con el juguetón de Nicolasito Pertusato.

Menos trabajo me costó traducir lo que observé "dos siglos después" en un piso inferior, durante la visita que, cada cierto tiempo, hago a mi perro. Allí, entre las trece pinturas negras que Goya inmortalizó en la Quinta del Sordo, una pareja madurita jugaba a la infancia. Aquella mujer y aquel hombre que apenas enlazaban un par de dedos (como aquellos alumnos de la planta de arriba) y se miraban como si no hubiese otra manera posible de mirarse que esa pintaban ante mis ojos (y los de mi perro) un lienzo de brillantes colores que contrastaba con la trágica sala. Ella le susurró algo imperceptible a mis oídos y él la miró emocionado y la besó con ternura. No había nadie más alrededor. Me sentí el ser más privilegiado del planeta por ser la única espectadora de aquella performance. ¿Qué mejor obra de Arte que el Amor absoluto? ¿Qué mejor lugar, por tanto, para una demostración afectiva que una pinacoteca?

domingo, 20 de enero de 2013

Maneras de extrañar (y de querer)

Esta noche tengo alma de tango. Y no es justo, lo sé. Una de mis mejores amigas emprende esta noche una linda aventura: se va a vivir a Buenos Aires. Me encanta saber que, más allá de la tecnología, el trabajo seguirá uniéndonos (cada una en un lado de la pantalla) y, sobre todo y por encima de la penita de hoy, que va a empezar una nueva vida. Con la falta que eso hace en estos momentos.

No tenía claro qué escribir ni siquiera pensaba hacerlo, pero ahora, al revisar comentarios e imágenes de facebook, he empezado a reirme al contemplar las diferentes maneras que tenemos los seres humanos para afrontar determinadas situaciones y, especialmente, determinados sentimientos.

¿Cuántas maneras hay de extrañar a alguien? Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que tantas como personas diferentes hay sobre la faz de la tierra. Pero me concentraré en tres ejemplos reales que bien valdrán como resumen de la vivencia de hoy. Una amiga, de esas que van de duras por la vida, alardeando y vociferando a la vida, limpiándose besos de las mejillas y escapando de los abrazos, decide confesar -a falta de una hora y media para el despegue del avión- que se le va una parte del alma. Otra, que también tiene una barrera impresionante para los asuntos trascendentales, aunque luego basta con rascar un poquito -si se la conoce, claro- para encontrar el tesoro oculto, no puede hablar por teléfono (una de las cosas que, por otra parte, más le gusta hacer) y se pone a cocinar. El tercer caso es el mío: tras saber que la viajera no quería despedidas de aeropuerto, los lagrimones han empezado a resbalar por las mejillas (en medio de mi jornada laboral) y, al llegar a casa, he tropezado en La 1 con "Las trece rosas", una maravillosa película para seguir llorando. La despedida (trágicamente triste, es decir nada que ver con lo de mi amiga) de esas jóvenes ha coincidido en hora con la salida de ese vuelo de Iberia y he dejado de llorar.

viernes, 4 de enero de 2013

Nueve años de Vida


El 3 de enero de 2004 entré por primera vez en aquella casa de Carabanchel. Lucía un sol espléndido, tanto como el de hoy. Yo iba refunfuñando. Me había gustado tanto la que había visto en el centro la tarde anterior que sabía que este cuarto piso sin ascensor en un barrio "periférico" no me atraería nada. Por supuesto, como tantas otras veces en la vida, me equivoqué. Tras hacer la correspondiente visita con la dueña, invité a la chica de la inmobiliaria a tomar una cerveza en un bar (que hoy ya ni existe): sabía que había encontrado "mi lugar".

Aunque su "cumpleaños oficial" es el 30 de enero (fecha en que pasó a ser de mi propiedad, bueno, mejor dicho del banco al que pago su hipoteca), hoy celebro estos nueve años de convivencia, nueve años cargados de Vida. Han sido much@s l@s amig@s que se han alojado entre sus paredes (tanto que ya ha sido bautizado por algun@s como el "Hostal Carabanchel"); muchos más los corchos de vino acumulados en tantos y tantos brindis; bastantes las fiestas, reuniones y/o encuentros gastronómicos celebrados; intensas las charlas mantenidas en todos sus rincones, empezando por la terraza y terminando en el dormitorio; anécdotas (algunas) que mejor olvidar; abrazos (infinitos) que mejor seguir atesorando; lindas las dedicatorias que pueblan las hojas de su libro de visitas...

"Ya se oyen las risas, los besos, las lágrimas, las caricias, las músicas, los sonidos de las copas y los cubiertos..." (9-4-2004). Con esta frase, mi mejor amigo -que parece conocerme bastante mejor que yo misma- adelantaba en una de aquellas primeras páginas lo que ocurriría en los tiempos siguientes, cuando yo ni podía imaginarlo.

Mi casita (que hoy es naranja, aunque cuando la conocí sus paredes eran blancas) crece al tiempo que yo lo hago. Su decoración (que ni siquiera está terminada después de tantos años) es tan variable como mi humor, pero si de algo estoy orgullosa es de que quien la pisa reconoce sentirse "como en casa". Y eso, de alguna manera, también habla de mí, de mi manera de ser, de mi forma de compartir mi vida, de mi relación con mi gente querida (o simplemente de paso).

Hace nueve años no imaginaba que hoy estaría escribiendo algo como esto, pues no tenía ordenador y mucho menos internet. Hace nueve años no soñaba con vivir tanta Vida.

jueves, 20 de diciembre de 2012

La vida es para disfrutarla

Estoy viendo la tele, como cualquier otra noche tonta, y acabo de ver un anuncio de esos típicamente navideños, de una de esas empresas que antes se gastaba una pasta en hacer publicidad contratando a grandes estrellas y que este año, no sé si por la necesidad económica o porque se lleva "tocar la fibra sensible", opta por mensajes de personajes anónimos. Pero me ha impactado el lema: "La vida es para disfrutarla".

Hoy es uno de esos días raros por cuestiones que no vienen al caso, pero de esos que no te dejan estar bien del todo al final de la jornada. Además, la enfermedad de Tito Vilanova -que hoy copa buena parte de los informativos y de las charlas- y, lo que es más gordo (por la profesión y porque toca de cerca a un querido amigo), se confirma el cierre de Punto Radio. Pero acabo de escuchar esa frase y me he dado cuenta de que -y no hablo de los problemas serios, esos obviamente le tocan el humor a cualquiera- muchas veces nos preocupamos de tonterías, nos cabreamos por auténticas bobadas, le damos una excesiva importancia a cosas que no lo tienen, concedemos valor a personas que no lo merecen.

La vida, efectivamente, es para disfrutarla. Ya sea porque se acaba el mundo el 21 de diciembre o no. Si se acaba, pensemos cuál es la mejor manera de disfrutar a tope ese día. Si no, pues también. Vivámoslo a tope y al día siguiente más...

P.D. Gracias, Alberto, por "picarme" para volver. Creo que lo necesitaba...

sábado, 18 de agosto de 2012

Una ruta neoyorquina

Como ya anuncié hace unos días, he empezado una nueva andadura: una colaboración regular con otro blog, en el que irán apareciendo relatos varios de mis múltiples viajes. Si en la primera entrega, la erótica del tango se mezclaba con el aire clásico del Café Tortoni, en esta ocasión es un bar neoyorquino el que acoge una de esas historias que, como dicen mis amig@s, solo me pasan a mí... Todo entremezclado con una de mis películas favoritas, "El clan de los irlandeses". Espero que os guste...

martes, 14 de agosto de 2012

Gracias por hacernos soñar


Yo tenía once años durante aquel verano. Estaba de vacaciones en Badajoz, pero a las cuatro de la madrugada estaba delante de la televisión para ver aquello que parecía un sueño: la selección española de baloncesto iba a jugar una final olímpica. En aquellos Juegos de Los Ángeles'84, el rival fue -como no podía ser de otra manera- el equipo local, en cuyas filas estaba un jovencísimo Michael Jordan (aún universitario, pues era la época en que los profesionales de la NBA aún no podían integrar el equipo). Por supuesto perdimos aquel encuentro, pero aquella noche estaba diseñada para el disfrute. Bastaba con ver terminar el partido y que nuestros jugadores se colgaran la medalla de plata del cuello...

¡Quién nos iba a decir en aquel momento, 28 años después, que unos cuantos jugadores de la selección española serían integrantes -importantes integrantes- de equipos de la liga estadounidense; que una derrota por siete puntos de diferencia (107-100) iba a saber a poco -muy poco- después del partidazo jugado; que los yanquis -con toda su artillería pesada, quizá el combinado más cercano en calidad al Dream Team de Barcelona'92- iban a jugar nerviosos por no conseguir despegarse de la chepa a esos descarados!

Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 han sido, sin duda de las mujeres -al menos en cuanto a la delegación española se refiere- pero no quería dejar de dedicar este homenaje a un deporte que llevo tantos años siguiendo y que me ha dado tantos momentos lleno de emoción (de los buenos y de los malos). Porque estoy segura de que mucha gente, en todo el mundo, el domingo se puso la camiseta de España con la esperanza de que, por fin, alguien derrotase a Estados Unidos. Tercera final (Pekín 2008 fue la anterior), tercera derrota. Pero el otro día vimos que NO ES IMPOSIBLE.

martes, 17 de julio de 2012

Abriendo nuevos horizontes

Recientemente me han ofrecido colaborar en un blog ajeno y, al parecer, esa aparición no será solo momentánea, sino que tendrá cierta continuidad. Os comparto la belleza de esa bitácora que no es mía, pero a la que desde ahora empiezo a pertencer un poquito...
Ítaca: Así se baila el tango

sábado, 14 de julio de 2012

Verse desde afuera

(Sobrevolando Colombia. Septiembre 2010)

Hace pocas fechas, una Gran Amiga actualizó su blog con uno de sus lindos y enriquecedores textos y lo ilustró con una foto que yo había hecho años atrás (porque 2010 ya es tiempo pasado). La cuestión es que yo no recordaba aquella imagen, pero ella -no sé por qué motivo- la tenía bien archivada y supo usarla en el momento adecuado. Me hizo pensar en todas esas instantáneas guardadas y que no suelo mirar...

Aunque suele decirse que nadie se conoce como un@ mism@, la mayoría del tiempo necesitamos la visión de los demás para completar la imagen que arroja el espejo. A veces, ciertas palabras que pueden resultarnos malsonantes son el acicate justo para la acción. Nadie nos quiere tanto como quien nos dice la verdad (especialmente cuando esta duele), a diferencia de quien nos da la palmadita en la espalda o nos jalea por "amistad". Lamentablemente, en ocasiones, como dice otra Gran Amiga, tenemos la lente de la cámara tan sucia que la foto que obtenemos se tiñe con toda esa porquería propia.

En la misma medida en que ciertas personas nos recuerdan anécdotas, situaciones, imágenes de un pasado archivado (o simplemente atascado entre tanta cosa), es importante salirse, de vez en cuando, del interior propio y verse desde afuera...

jueves, 28 de junio de 2012

Seguir siendo un niño


"Con la inocencia tan graciosa,
que cambia el nombre de las cosas,
con ese brillo que te quita el frío,
cuando las noches son lluviosas...
Volver a ser un niño, volver a ser un niño,
volver a ser un niño, volver a ser un niño..."

(Los Secretos, "Volver a ser un niño")

Aquel pequeñajo iba engurruñado en su asiento y sus diminutos pies, alejados de los protocolos de urbanidad (quién le va a explicar a un niño qué es exactamente eso), apoyados sobre el mismo. Su cara, medio escondida tras sus manos, denotaba aspecto de granujilla, uno de esos que tienen tal grado de travesura como de simpatía y de ternura. Una señora le hacía gestos desde la fila enfrentada a la suya y él le devolvía la jugada. Yo llevaba un rato observando aquel intercambio anímico y continué hasta que la mujer llegó a su parada y ocupó su lugar un hombre de mediana edad (sin duda parecía mucho más joven de la realidad que marcaban algunas arrugas alrededor de sus ojos mínimos). Su mirada se ilusionó cuando vio que aquel crío le vigilaba desde detrás de su visillo digital y le enviaba señales. Él sonrió y empezó a hacerle burlas con la lengua y a bromear desde la cercana distancia, a lo que el chaval respondió durante varias estaciones. Su madre, desde el asiento contiguo, disfrutaba con el entretenimiento de su hijo y de aquel "niño grande". Mientras, el resto del vagón ni se inmutaba...

La mirada de un niño es la más cristalina que existe, la única capaz de vislumbrar al otro desde el fondo mismo del alma, la que permite reconocer a un semejante -aunque este pueda, en algún caso, triplicar o cuadruplicar su edad-. Una de las cosas más importantes en esta vida es mantener la inocencia (incluso la ingenuidad, por qué no), la brillantez, la calidez y, por supuesto, la limpieza de aquella mirada que tuvimos en la infancia. Solo esa nos permitirá distinguir lo bello de lo feo, la verdad de la mentira, el Amor de cualquier otro juego...

miércoles, 6 de junio de 2012

Haciendo amigos...



Un buen día, cuando entré a tomar un café en el rinconcito de mi amigo Alberto, me encontré con la grata sorpresa de que había mencionado este lugar naranja como uno de sus favoritos en la red. Yo no conocía, hasta ese momento, qué eran los Premios Liebster. Aquí os incluyo el contenido de los mismos...
Los Premios Liebster (en alemán “favorito”) son una interesante iniciativa destinada a promocionar pequeños blogs, en cuanto al número de visitas se refiere, a través de una cadena de premios simbólicos que los propios bloggers otorgan. Es decir, cada blogger que recibe el premio en reconocimiento a su blog, debe, a su vez, otorgar un nombramiento igual a otros 5 blogs de su elección. Sólo debe cumplir unas simples normas:

1.- Copiar y pegar el premio en el blog enlazándolo con el blogger que te lo ha otorgado.

2.- Premiar a tus 5 blogs favoritos con la condición de que tengan menos de 200 seguidores y dejarles un comentario en sus entradas para notificarles que han ganado el premio.
3.- Confiar en que continúen la cadena premiando a su vez a sus 5 blogs preferidos.
Como ahora me toca la difícil tarea de seleccionar esos cinco espacios por los que paseo con frecuencia, espero que nadie se me ofenda (por no ser incluido) y, sobre todo, deseo que quienes nunca habéis transitado por ellos lo hagáis. Encontraréis buenas y lindas cosas. Que conste que el orden no tiene nada que ver con las preferencias...
1. ¿Un café?: Un rinconcito apacible donde disfrutar de mucha literatura y mucha (y buena) música.
2. Camino a Macondo: Letras muy bien escritas de la mano de una gran periodista (pero sobre todo Gran Mujer) que apura la Vida con cada paso que da.
3. La sonrisa de Verdi: Pequeños sorbos de cotidianidad en las letras de un buen amigo que, por encima de todo, disfruta con la docencia.
4. Blog Ernesto Calabuig: Uno de esos espacios infaltables para aprender de buena literatura de la mano de un gran crítico que, además, es un gran escritor. Imprescindible, en mi opinión, leer "Expuestos".
5. El Gato Utópico: Un enganche con el Uruguay antes de que nos pusiéramos cara y nos convirtiéramos en amigos.

Al mal tiempo, buena cara...


Hoy no ha sido un buen día. Pero, siguiendo los consejos de una Gran Amiga, optimista irredenta ella, le pongo al mal tiempo buena cara, porque no conviene regodearse en lo malo, porque no se gana nada anclándose al dolor, porque unas palabras dichas a tiempo borran cualquier nubarrón de silencio, porque a los "alien" solo hay que dejarles espacio en las pelis, porque ya vendrán tiempos mejores (o al menos cabe esperarlos).

Porque para salir así de linda en una foto se necesita que alguien te mire así de bien...

viernes, 13 de abril de 2012

Una microhistoria de Amor


Por primera vez se invirtieron los papeles y no solo era él quien esperaba, sino quien hacía burlas al otro lado del cristal (como ella bromeaba cada noche en su despedida a través de la ventanilla). Sus ojos de niño chico sonreían tanto como sus labios. Tenía ganas de sorprenderla. Y ella, tan apurada hasta ese instante bajando los escalones, dejó ya de correr. Su rostro, tan apagado el resto del día, volvió a iluminarse...

Por primera vez sonó música lejana durante el vaivén noctámbulo del metro. Y tan ocupados estaban sorbiéndose el alma a través de los ojos que no advirtieron que el acordeonista ambulante estaba ya a su lado tras recorrer el resto del vagón. Él, con un cierto rubor en las mejillas, esbozó un suave "hola", por lo que ella se dio cuenta de que el artista se había situado a su espalda y que estaba dispuesto a dedicarles un tema.

"Es la historia de un amor / como no hay otro igual..."

martes, 10 de abril de 2012

Descubriendo a Ortega

"Yo necesito beber el agua en un vaso limpio, pero no me deis un vaso bello. Juzgo, en primer lugar, muy difícil que un vaso de beber pueda, en todo rigor, ser bello; pero si lo fuera yo no podría llevarlo a mis labios. Me parecería que al beber su agua bebía la sangre de un semejante -no de un semejante, sino de un idéntico. O atiendo a calmar la sed o atiendo a la Belleza: un término medio sería la falsificación de una y otra cosa. Cuando tenga sed, por favor, dadme un vaso lleno, limpio y sin belleza. 
Hay gentes que no han sentido nunca sed, lo que se llama sed, verdadera sed. Y hay quien no ha sufrido la experiencia esencial de la Belleza. Solo así se explica que pueda alguien beber en vasos bellos".
(José Ortega y Gasset. "Ensayo de estética a manera de prólogo". Prólogo al libro El Pasajero, de José Moreno Villa. Madrid, 1914)

He tardado 39 años en empezar a leer a Ortega y ahora no hay un solo día en que no me regale alguna cita que merezca ser mencionada. Hoy os regalo este pasaje...

lunes, 19 de marzo de 2012

El último mate


Tenía la cabeza partida por la mitad. La noche anterior había estado repleta de emociones y alcohol (ambas cosas en grandes cantidades). Y era ya el último día. Se acababa todo ese periplo sentimental que me había tenido durante más de tres semanas en el sur del mundo. Y lo bueno de las borracheras compartidas es que las resacas también se pasan en grupo, así que nadie tuvo reparos en pedir refresco a la hora de almorzar (y rica pasta para empapar bien todo el líquido ingerido). Y volvimos a ese lugar tan lindo, el único que repetí en todo ese tiempo. Y, aunque amaneció lluvioso y nublado, poco a poco fue saliendo el sol, tanto que tuvimos que irnos adentro por no quemarnos. Y empezaron los adioses (porque algunas resacas también llevan eso implícito). Y la rambla, con todo su Amor, me ofreció este espectáculo para las últimas horas.

Hoy hace un mes que dejé Montevideo, que partí de Uruguay, que empecé el regreso a esta parte del mundo... En este mes transcurrido ha habido demasiadas visitas a hospitales, algunos reencuentros (más que) placenteros, hastíos y lágrimas, también muchas risas, generación de expectativas ante los cambios, respuestas a ciertos correos y continuación de la búsqueda. Incluso visitas he recibido. Mi (linda) gente de allá quedó físicamente lejos pero tan dentro que aún no he podido agradecer -como merece la ocasión- todo lo que recibí. Es lo que tienen ciertas intensidades. Y aunque ya he brindado con algún vinito traído del sur, todavía no he vuelto a tomar mate...

martes, 6 de marzo de 2012

"Hay que viajar, hay que moverse, hay que verlo todo"


Semejante frase la escribió (y leyó en Madrid) el pintor uruguayo-catalán Joaquín Torres-García en 1933. Y la suscribo completamente. Y la traigo hoy aquí porque acaba de irse de casa una pareja de amig@s (David y Gemma) llegad@s de Rupià (Girona), seis meses después de su anterior visita. Y porque compruebo que es el mismo tiempo que llevo sin actualizar este rinconcito naranja.

Y pienso en que en el último semestre viajé a Gijón y Avilés; Nueva York y Washington; San Salvador (incluidos los aeropuertos de Frankfurt, Miami y Houston); Buenos Aires y Montevideo (más Rocha). Y en que llegaron a mi vida dos seres cargados de Amor, Stevie y Bruji. Y en que cumplí sueños como ir a Iemanjá, las llamadas y los tablados de carnaval o pisar el estadio Centenario. Y en que asistí a la boda de una Gran Amiga, en la que, además, hice de DJ. Y en que pude hojear manuscritos de ese artista que admiro. Y en que mi familia ha vuelto a pisar hospitales sin querer. Y en que mi hermana por fin vio a Kevin Spacey en persona. Y en que Eduardo Galeano obró de guía en un museo para mí. Y en que, más allá de ciertas frustraciones profesionales, al final lo que cuenta es la gente con la que compartes ese camino...

Miro los últimos seis meses de mi vida y da tanto vértigo como contemplar la rambla montevideana desde un decimotercer piso...

miércoles, 17 de agosto de 2011

Cartas a Julieta

La manera en la que los seres humanos nos aferramos al Amor es algo imposible de cuantificar, de medir, de controlar, de dimensionar... Verona es uno de esos lugares que, por culpa de la literatura (y del cine que viene a continuación), nos remite de forma inevitable a esa romántica (y dramática) historia de Romeo y Julieta. Las casas de sus respectivas familias son los rincones más visitados de la ciudad, aunque sobre todo llama la atención la de ella, que está llena de inscripciones, mensajes y cartas desde el corredor de entrada hasta el patio del fondo. No se conoce el motivo, nadie sabe cuál es el propósito, pero ahí están todas esas palabras lanzadas al viento (a los muros y a los árboles en este caso) que no esperan respuesta alguna.

A veces necesitamos gritar lo que nos pasa, soltarle al aire (o a gente que pasa por nuestra vida de forma cotidiana o aleatoria) determinadas palabras, escribir en un rincón virtual pensamientos que nos cruzan la mente o el cuore sin que precisemos de un eco...






lunes, 8 de agosto de 2011

Una escena

"More than this - there is nothing
More than this - tell me one thing
More than this - there is nothing..."
(Roxy Music, "More than this")


A veces las cosas se repiten todo el tiempo, se dan como en un bucle infinito, como en eso que mis niñas llaman espiral. En cambio, otras veces el reloj se para y, mientras hay un mundo afuera girando, dos personas se miran a los ojos y saben que eso (nada más y nada menos que eso) es todo lo que hay...


jueves, 4 de agosto de 2011

Belleza y Amistad

"Si lo que vas a decir
no es más bello que el silencio,
no lo vayas a decir..."
(El Último de la Fila, "Cuando el mar te tenga")


A veces ocurre que no hay cosas sobre las que escribir o, simplemente, no hay palabras con las que definir las cosas que nos ocurren. Otros días, en cambio, se arremolina tanta cosa en el interior que cuesta encontrar el espacio para expresarse. Hoy, día en que una de mis mejores amigas cumple años en Madrid (y le dedico mi otro rinconcito naranja), dos grandes hombres que viven al otro lado del mundo también festejan su día y les hago este pequeño homenaje.


No sé con cuál de los dos hablé antes, aunque sé que los conocí más o menos por las mismas fechas, en el verano (boreal) de 1998. En aquella época, yo acababa de incorporarme a trabajar en el turno de noche y me tocaba editar las noticias que ellos (uno desde Santiago de Chile y el otro desde Río de Janeiro) enviaban. Por esos vericuetos raros de la vida, terminamos siendo muy buenos amigos. Todo ello sin conocernos más allá de algunas llamadas telefónicas y de las palabras que intercambiábamos en los servicios de cierre y/o preguntas aclaratorias sobre alguno de sus temas.


El primero al que puse cara fue Hernán (a la derecha en la foto). Fue en 2002, con motivo de la cobertura de los Juegos Sudamericanos, en Río. En esa ocasión, pude compartir este día con él y nos reímos mucho brindando por la vida y apagando un palillo (a modo de vela de la tarta). Frutillas, besos, risas, caipirinhas... Después coincidimos en los Sudamericanos de Buenos Aires 2006 y Panamericanos 2007 antes de que mis ganas de conocer mundo me llevasen a Colombia, su tierra natal, en 2010. Allí tuve la suerte de recorrer de su mano (como ya pasó en las calles cariocas) muchos lugares e, incluso, de conocer a parte de esa familia de la que tantas veces habíamos hablado antes. Y, ahora que Joe Arroyo (cuya música quedará para siempre en la banda sonora de nuestra vida) ha pasado a la eternidad, si tuviera que quedarme con un solo momento, con una sola anécdota, con un solo recuerdo de tanta cosa compartida (que ya es difícil), elegiría en cambio esos brindis noctámbulos en el "Double" (el bar bluesero del Mercadinho de Sao Jose).


A Nelson lo vi por primera vez en foto, después de que Hernán coincidiese con él en una cobertura chilena y me enviase imágenes del equipo. Después le abracé por primera vez en una habitación de hotel en Buenos Aires. Yo había quedado para almorzar con un amigo, pero cuando supe que el Sando ya había llegado al que sería nuestro alojamiento común durante diez días no pude evitar subir un momento para saludarlo y emplazarlo para un encuentro posterior. Una vez concluida la cobertura, tuve la suerte de viajar con él a su Chile natal y convivir (aunque por poquito tiempo) con él y toda su linda familia. Sin duda, me quedo con esa jornada que vivimos rumbo a Isla Negra, donde no solo disfrutamos de la que fuera casa de Pablo Neruda (de hecho, allí está enterrado), sino de alguna que otra peripecia del Destino, que nos regaló la música más apropiada para el día más apropiado. Ese pisco de aperitivo y ese caldillo de congrio (al que cantó el poeta) quedarán en mi memoria por mucho tiempo, al igual que sus constantes cantos mientras manejaba el auto.


Hoy ya no trabajo en Deportes, como cuando llegué hace trece años, y no estamos tan diariamente conectados como entonces, pero tengo la suerte de disfrutar (en la valija donde guardo a mis amigos) de dos maravillosos hombres con quienes he disfrutado cosas hermosas en lo personal y con quienes he aprendido mucho en lo profesional. Sé que ellos dos no están tan unidos como cuando saqué esta foto, pero me gusta recordarlos así, juntos, bromeando y sonriendo.


La vida tiene cosas alucinantes, como que los dos cumplan años el mismo día, y aunque no puedo compartir con ellos este brindis, mis besos energéticos van hoy para Chile y Colombia. Uno de ellos sé que los empleará como parte de ese ejército luchador contra el mal que le aqueja; el otro sé que los cargará en su mochila anímica antes de lanzarse a escuchar por enésima vez "En Barranquilla me quedo".


¡¡¡Felicidades para los dos!!! Ya sabéis que os quiero...